El último dinosaurio africano

  • Robert Mugabe está cerca de perder el poder a sus 84 años por la crisis económica y porque no puede mantener una dictadura cuando el 90% de la población sabe leer

Mientras se aleja la posibilidad de que se celebre una segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Zimbabue y tras confirmarse ayer la derrota de su partido en las legislativas, el presidente Robert Mugabe sigue confiando en sobrevivir políticamente. Una vez afirmó que no se presentaría a las elecciones presidenciales de 2008 pero cambió de opinión a medida que se aproximaba la fecha y consiguió silenciar a sus críticos dentro de la formación gubernamental del Zanu-PF.

En febrero celebró su 84 cumpleaños pero sigue sin mostrar indicios de que se haya ablandado o haya perdido la energía necesaria para seguir mandando. Durante el lanzamiento de su campaña calificó a sus rivales de "brujas, prostitutas y charlatanas, traidores y criaturas de dos cabezas".

A medida que la economía del país va de mal en peor, su fin político y físico ha sido visualizado varias veces pero siempre ha conseguido confundir a sus detractores, por ahora.

Según el analista de la BBC Joseph Winter la respuesta se resume en una frase: "Mugabe es, antes que nada, un hombre orgulloso". Para él, dice Winter, la retirada sólo llegará una vez que su "revolución" concluya, es decir, cuando termine la redistribución de las tierras en propiedad de hombres blancos y él haya elegido a su sucesor entre los militantes de su partido, el Zanu-PF.

La clave para entender quién es realmente Robert Mugabe hay que buscarla en la guerra de guerrillas de la que surgió como líder en la década de los 70 en la entonces Rodhesia. La comunidad internacional lo vio en ese momento como un héroe revolucionario que luchaba por la libertad de su pueblo.

La independencia de Zimbabue se firmó en los 80. Con ella, Mugabe llegó al poder por primera vez. Desde esa época, y pese a los cambios geopolíticos que sacudieron el mundo, las fuerzas del Zanu-PF han seguido luchando contra lo que llaman los demonios gemelos del capitalismo y colonialismo.

Mugabe culpa de los males del país a un complot de los países occidentales liderados por el Reino Unido, con el fin de derrocarlo por haber expropiado las granjas de propietarios blancos. Sin embargo, sus detractores lo acusan de no entender cómo funciona una economía moderna, criticándo haberse concentrado en cómo repartir el pastel nacional en vez de averiguar cómo hacerlo más grande.

Una vez llegó a afirmar que Zimbabue nunca quebraría, pero con una economía en caída libre, una inflación que alcanza el 100.000 por ciento anual y una tasa de desempleo del 80%, parece estar dispuesto a poner a prueba su teoría.

Al verse por primera vez enfrentado a una oposición fuerte, Mugabe ha destrozado una de las economías más diversificadas de África adoptando medidas populistas y expropiando granjas de propietarios blancos, las cuales suponían la base de la economía. Asegura que lucha por los intereses de los granjeros negros, pero mucha tierra confiscada ha terminado en manos de sus acólitos.

El hombre que luchó por el principio de un hombre, un voto, introdujo un requisito para votar: la obligatoriedad de demostrar tener una residencia con una cuenta, algo difícil de conseguir para los jóvenes desempleados que engrosan la oposición.

Pero no todo han sido males: uno de los éxitos indudables de los sucesivos gobiernos del antiguo maestro Mugabe es la expansión de la educación. Zimbabue tiene la tasa de alfabetización más alta de Africa: el 90% de la población sabe leer.

Sin embargo, el analista político Masipula Sithole afirma que, irónicamente, al difundir la educación, Mugabe está "cavando su propia tumba". Según Sithole, los propios beneficiarios de la alfabetización son capaces de analizar los problemas del país y la mayoría culpa al Gobierno de la falta de empleos y el alza de los precios.

Es cierto que el tiempo y las tensiones han hecho su trabajo, pero al parecer su nivel de actividad sigue intacto. Su segunda esposa, Grace, 40 años más joven que él, asegura que se levanta a las 4 de la mañana para hacer sus ejercicios diarios. En 1997, el matrimonio tuvo a su tercer hijo, Chatunga, cuando Robart Mugabe ya contaba con 73.

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