"África es muy parecida al 'Far West', no hay justicia ni Estado"

  • El autor mallorquín afincado en Sevilla ha conseguido el Premio Málaga de Novela con 'Pregúntale a la noche', una obra en la que narra la realidad de Burundi

Narrador, poeta y articulista de los diarios del Grupo Joly, Eduardo Jordá (Palma de Mallorca, 1956) conoció in situ la realidad de Burundi, un pequeño país africano desangrado en contiendas infinitas. Ahora devuelve aquella experiencia reconvertida en Pregúntale a la noche, que le ha hecho merecedor de los 24.000 euros del tercer Premio Málaga de Novela.

-¿Por qué África?

-Mi padre trabajó como médico en Burundi, enviado como cooperante por la Diócesis de Mallorca. Yo visité el país por primera vez hace 26 años y desde entonces he tenido un conocimiento tangible de su historia. Sé más acerca de Burundi que de Zamora, por ejemplo.

-Pero la acción que narra en Pregúntale a la noche podría aplicarse a cualquier otro paisaje marcado por la guerra y la masacre.

-Así es. Podría haber contado lo mismo situándolo en Antequera durante la Guerra Civil. La guerra es un fenómeno universal, lo que cambian son sólo los detalles. En todo acto de violencia a gran escala aparece lo mejor y lo peor del ser humano: el sacrificio, la entrega y el altruismo, pero también la tiranía y la crueldad.

-Define usted su novela como un western africano. ¿No le parece algo imprudente en estos tiempos?

-No, me gusta mucho el western, especialmente porque siempre hay un pasado que persigue al protagonista. Creo que la definición se ajusta bastante bien a Pregúntale a la noche porque la acción transcurre en un territorio limítrofe donde no hay ley y se impone la voluntad del más fuerte, y eso es muy propio del western. África es un territorio muy parecido al Far West, no hay justicia ni Estado. Mi intención, desde luego, era trazar una trama contemporánea desde las reglas de juego del western.

-El estilo y el ritmo recuerdan de hecho a Cormac McCarthy.

-Tal vez, pero la verdad es que me siento mucho más cercano a Conrad, que también escribía westerns. Fíjate en El corazón de las tinieblas, cuenta un viaje por un abismo desconocido en el que el protagonista no sabe bien lo que va a encontrar, muy a la manera de Territorio comanche. África es en gran parte así: ya no es el continente inexplorado de hace cien años, hay semáforos y todo eso, pero allí nada es lo que parece. Así ha ocurrido siempre y así sigue ocurriendo.

-¿Cuánto tiene Pregúntale a la noche de experiencia personal y cuánto de ficción?

-El chispazo que dio origen a la novela es el encuentro personal con Burundi. La primera vez que recorrí el país acompañé a un misionero mallorquín que llevaba treinta años viviendo allí solo. Entonces me nutrí de lo fundamental y luego investigué por mi cuenta las continuas guerras entre hutus y tutsis. Los personajes están inspirados en las personas que conocí durante aquel primer viaje y los posteriores, aunque ninguno es real: los he construido premeditadamente desde la ficción. Los que sí son reales son la mayoría de los hechos históricos, las matanzas y los crímenes. El asalto a la escuela que abre la novela ocurrió tal cual.

-¿No cree que si hubiese convertido su material en un texto más periodístico, sin ficción, habría endurecido los efectos?

-No, no creo. Un reportaje amplio y bien hecho puede presentar la realidad con todo detalle, pero el dolor y la humillación se expresan mejor mediante la novela. Piensa que a lo largo de mi vida he convivido durante más de cuatro años con los acontecimientos que narro, y nunca podría haberlo abarcado todo en un reportaje.

-¿Ve el escritor su obra de manera distinta cuando queda bendecida por un premio de 24.000 euros?

-No, sin premio vería mi novela de la misma forma, como algo en lo que he intentado dar lo mejor de mí mismo. El dinero está bien, pero el mejor premio es un buen trabajo.

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