Agatha Christie a ritmo de jazz

La Tarasca. Adaptación, dirección, puesta en escena y música: Ramón Bocanegra. Escenografía: aLTeReGo. Coreografía: Isabel Vázquez. Vestuario: Fernando Martínez. Bailarines: Carmen Montes, Marcela Lacourt, Carmen Martínez, Yumi Yakuwa, Juan Melchor. Músicos: Jaime Serradilla, Javi Delgado, Chema Espinosa, Salvador Martínez, Manuel Montenegro. Lugar: Teatro Central. Fecha: Martes 20. Aforo: Media entrada.

La Tarasca reestrenó la tarde de ayer en el Teatro Central Amnesia, 13 negritos, espectáculo que coloca a Agatha Christie en una silla de ruedas, indefensa ante las malas intenciones de sus sirvientes, personajes sacados del inventario de las novelas de la escritora. Todo por un puñado de joyas. Pero la novelista, reina de la intriga, termina bailando con los malhechores, olvidando, poco después de recobrar la conciencia, los males que se le perpetraron. La compañía consigue atrapar la atención de su público por medio del movimiento, la música y la escenografía, sin necesidad de recurrir a la palabra.

Esto es definitivamente uno de los puntos fuertes de la propuesta. Sin embargo, quizás cabría combinar los tramos de danza, música y teatro gestual con entreactos explicativos que instruyeran a los niños acerca de la vida y obra de la escritora, quienes, por desgracia, abandonan el recinto de la Cartuja con los mismos conocimientos con los que entraron. ¿Por qué no presentar a los personajes, situándolos en una o varias novelas de la escritora? ¿Era necesario simplificar tanto el carácter de la protagonista, hasta hacerlo pecar de ridículo? Qué raro resulta que el personaje no eche mano nunca de papel y lápiz. Eso sí, los pequeños se marchan habiendo soltado alguna que otra carcajada y con un buen puñado de imágenes que tardarán en olvidar.

A crear esas imágenes contribuye la escenografía. Con pocos objetos el público es trasladado a una época visual heredera del siglo XIX, donde tienen cabida los fantasmas y los candelabros polvorientos. Pero lo mejor de la obra es sin duda que expone a los niños a una música que no están acostumbrados a escuchar, el jazz. Es en el plano sonoro donde la compañía se arriesga verdaderamente, pues la coreografía a veces resulta edulcorada y simple.

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