Añoranza de Francastel

Fernando García de Cortázar lleva en su haber más de cuarenta libros entre la crítica, el ensayo y la síntesis de historia. Su facilidad, muy anglosajona, para conectar con el gran público, sabiendo extraer del archivo de la memoria de España los perfiles más agudos, presentándolos con rigor y amenidad, es una virtud rara y estimable.

En estas mismas páginas hemos alabado su capacidad para trazar itinerarios históricos llenos de garra y sentimiento (De Atapuerca al Estatut), cartografiar conceptos y argumentos que se resistían a la proyección espacial (Atlas de la Historia de España) y espigar entre las vidas de los olvidados y malqueridos de nuestra historia para erigir una moderna galería de héroes para un nuevo lector (Los perdedores de la Historia de España).

Su Historia de España desde el Arte (última entrega del inagotable caudal divulgativo del autor) nos parece, sin embargo, un pequeño paso atrás en tan valiosa trayectoria. Cortázar presenta 400 imágenes significativas de la memoria de España que van acompañadas de brevísimos textos orientativos. Con este método ha querido crear "una multiplicación de relatos en una galería de espejos". El resultado, sin embargo, se agota en una lectura fácil y plana de las bellas imágenes que terminan siendo mera comparsa a un argumento predeterminado. Un cuadro no es aquí una ventana abierta al pasado.

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