Arte y participación

  • Una acción artística interactiva, consistente en la construcción de un paisaje sensorial en el Barrio de Santa Cruz, vincula el ámbito de lo global con el cultural

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Enunciada la instalación en la página web (www.m1ml) creada para la ocasión como un paisaje sensorial instalado en la Plaza de la Alianza que pretende sacar al turista de sus rutinas y lo invita a participar en un proyecto artístico, ésta pretende integrar al paseante circunstancial como parte esencial de una experiencia urbana que, virtualmente, se extiende por distintos puntos de la ciudad. Para ello, y valiéndose de las tecnologías de comunicación disponibles, quienes participan de ella son conectados al Centro Andaluz de Arte Contemporáneo y a la propia web, al tiempo que se posibilitan distintas interacciones como el envío de postales o fotografías personales.

¿A qué clase pertenece este tipo de objeto? Podría estar entre aquellos chirimbolos con los que la modernidad ocupó, primero artísticamente y luego con su técnica, el espacio público de sus ciudades, pero es algo más. Lo es porque aparentemente no tiene utilidad, no sirve para recoger los residuos abundantes de la vida urbana, ni para expedir un billete, ni siquiera regula el tráfico, a lo más, ilumina débilmente la plaza donde se encuentra. Si fuera algo sería un macetero agigantado con pinta de jaulón de pájaros, de esos que colocaban, antes de la piel sensible, en la Plaza de la Alfalfa los domingos por la mañana.

También podríamos incluirlo en esa larga experimentación con la que la arquitectura moderna se desembaraza de cualquier condicionante para ensayar libremente sus propuestas y que conocemos por folly; sí, esto podría ser un aparato de esos con los que Juan Navarro Baldeweg o los románticos alemanes, o más recientemente los pabellones de arte ingleses, ensayan futuras-presentes apariencias por venir para la arquitectura, como en una pasarela de modelos.

Pero es algo más, sus autores le llaman biotecnológico, que es una palabra muy usada ahora por una cierta generación de arquitectos jóvenes, residentes en Sevilla. Lo será porque tiene vegetación, plantas olorosas, y porque está viva; lo será porque posibilita otra forma de vida en paralelo mediante la tecnología; lo será quizás porque queda bien como título.

Pero sobre todo, lo que nos interesa de este objeto es que es una intervención en el espacio público y, como tal, una invitación a la participación en un nuevo escenario que se propone, en este caso, como posibilidad efímera. La localización en un sitio relevante en la ciudad histórica para desvelar su capacidad de nueva significación, para constituirlo como lugar de encuentro y convocatoria ciudadana es, también, tarea de esta leve arquitectura desarrollada en el barrio de Santa Cruz de Sevilla por los arquitectos de sin-studio: un grupo dedicado a investigar el espacio público, explorando la relación de la arquitectura con otras disciplinas como el arte, la sociología, la biología o la tecnología.

El barrio se recompone y revisa a partir de esta instalación: el lugar se transforma con su presencia, con el montaje, la vegetación o la luz; sus ciudadanos y numerosos visitantes foráneos son emplazados a detenerse por un instante para sorprenderse, para valorar ese espacio urbano e interactuar con él. La ciudad y los ámbitos de relación se activan de este modo y, con ellos, también la vida, lo cotidiano.

Son acciones enormemente comprometidas con los individuos. Desde ellas se provocan y surgen representaciones personalizadas del sitio, alternativas a una imagen fija algo estereotipada, para hacerse cómplices de la ciudad, de su nombre y simbología. Una forma importante, que nos importa, de actualizar el sentido de los centros históricos.

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