Belcanto lacrimógeno

La gallega Laura Alonso irrumpió hace poco más o menos una década en el panorama español como una de las sopranos más prometedoras del momento, pero en los últimos años su carrera parece haberse estancado, aunque por edad (debe de rondar los treinta y tres) aún está a tiempo de remontar el vuelo y encontrar un sitio confortable en la escena internacional.

A Sevilla vino con un exigente programa de belcanto barroco marcado por las lágrimas, esas lágrimas que con tanta facilidad dejaban fluir los protagonistas de cantatas y óperas por penas o desengaños de amor, desilusiones conyugales o desgracias sentimentales y políticas de variada índole. Dos cantatas italianas de Haendel (una de las más populares e intensas, La Lucrezia, y Ah! Che pur troppo è vero), además de arias de Rinaldo (el inevitable Lascia ch'io pianga y el Vo far guerra) y de Giulio Cesare (Piangerò la sorte mia), una cantata de Vivaldi (Amor hai vinto) y un aria de otro Julio César, el de Antonio Sartorio, formaron el programa.

El arranque del recital fue decepcionante. A Alonso le costó colocar la voz, tuvo problemas con el fiato y con la afinación y su Lucrezia resultó más amanerada que verdaderamente dramática. La voz de la gallega es la típica de una ligera, no demasiado grande, pero de timbre grato y cierta facilidad para las agilidades, aunque al color le falta homogeneidad y los pasajes más exigentes habrían exigido una articulación más clara, algo que puede decirse igualmente de la dicción.

Mucho mejor la segunda parte, con la línea de canto mejor asentada y unas prestaciones más cálidas, sobre todo al final, en que mostró con recursos de la mejor ley el carácter por completo diferente de las dos arias de Cleopatra (la de Haendel y la de Sartorio). Algún problemilla tuvo en cambio en el Vo far guerra, cuando Giuliana Retali pareció demasiado preocupada por la virtuosa cadencia que para el clave añadió William Babell y se olvidó de que en la primera parte del aria su compañera necesitaba respirar de vez en cuando. Muy correcto en cambio su acompañamiento en el resto de piezas.

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