Breve pero intensa tarjeta de visita vocal

Siempre han sido las Islas Canarias buen vivero de voces y en los últimos años ha surgido una joven de generación de cantantes de muy alta valía, como Yolanda Auyanet, Nancy F. Herrera, Jorge de León o Celso Albelo. A ello se une el tercero de Los Tres Tenores Canarios, un Francisco Corujo que a sus veintiséis años apunta muy buenas maneras.

Por lo que pudimos colegir de su breve recital, es poseedor de una voz de tenor lírico con cierta anchura, con un centro bien timbrado, rico en armónicos y con importante squillo. Se nota en su emisión un serio esfuerzo por controlar un siempre latente vibrato que suele hacer aparición en los momentos en que el apoyo pierde firmeza, como cuando apiana o cuando ataca una nota en pianissimo. En estos caso, como se vio en El Sampedrino o en el ataque inicial de A vucchella, el sonido se blanquea y pierde brillo, una cuestión que debería solucionar si quiere deambular con tranquilidad por el repertorio que le corresponde a su tipo de voz. En la zona de paso se detecta una tendencia a engolar y retrasar el punto de emisión, lo que deriva en un apreciable cambio de color de una voz que por debajo del pasaggio suena brillante, totalmente fuera de la gola.

Desde el punto de vista expresivo arroja Corujo una sobrasaliente madurez a la hora de incidir sobre las notas y frases fundamentales. Regula con gusto y matiza, aunque debería dosificar más el uso de la media voz en la zona superior. Le costó calentar y lo mejor vino al final con No puede ser y con un intenso Cuore ingrato.

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