Brillante demostración de una joven violonchelista

Cada vez a más tierna edad se atreven los violonchelistas con las Suites de Bach, auténtica Biblia para el instrumento. Más que ver en ello la temeridad propia de los jóvenes de nuestros días o una progresiva pérdida de la veneración que las piezas conocían de parte de las generaciones precedentes, este hecho parece demostrar la importante elevación del nivel técnico que se ha producido en las últimas décadas prácticamente en todas las especialidades musicales.

Buena prueba es la joven violonchelista estadounidense Elena Cheah, profesora en la Academia de Estudios Orquestales, quien, en dos días consecutivos, se ha enfrentado con la colección bachiana completa. Sólo pude asistir al segundo recital, para el que se dejó nada menos que las tres últimas obras, que son de una extrema dificultad, sobre todo la , escrita para un violonchelo piccolo de cinco cuerdas y que tocada con un instrumento moderno convencional presenta exigencias peliagudas (esa zarabanda con dobles y triples cuerdas continuas es un reto para el más experto de los intérpretes).

Cheah se enfrentó al desafío con un aplomo y una seguridad pasmosos, ofreciendo un sonido de gran homogeneidad, potencia y redondez, acaso no siempre igual de refinado y con algunos pequeños roces en el arranque (ese oscuro y complicado preludio de la ) y en las notas más agudas de la . Espléndida en cambio la fuga del preludio de la o todo el preludio (vibrante) de la . La cellista norteamericana mostró tener bien aprendida la lección del historicismo y sus versiones se distinguieron por un vibrato muy controlado, un fraseo ágil y tempi en general rápidos pero de gran coherencia interna. Fueron versiones intensas, con contrastes dinámicos muy marcados y una hondura expresiva que quizás quedó algo corta en la maravillosa y doliente zarabanda de la , centro emocional de toda la colección.

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