Crítica ópera

Elogio de la moral burguesa

Thaïs. Comedia lírica en tres actos y siete escenas de Jules Massenet, con libreto de Louis Gallet, basado en la novela homónima de Anatole France. Coproducción Ópera de Gotemburgo y Ópera Nacional de Finlandia. Dirección musical: Pedro Halffter. Dirección de escena: Nicola Raab. Director del coro: Íñigo Sampil. Escenografía y vestuario: Johan Engels. Iluminación: Linus Fellbom. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro de la A.A. del Teatrode la Maestranza. Intérpretes: Plácido Domingo (Athanaël), Antonio Gandía (Nicias), Stefano Palatchi (Palémon), David Lagares (Sirviente), Nino Machaidze (Thaïs), Micaëla Oeste (Crobyle), Marifé Nogales (Myrtale y Albine). Lugar: Teatro de la Maestranza. Fecha: 25 de octubre 2012. Aforo: Lleno.

A pesar de los negros nubarrones que se ciernen sobre el futuro del Teatro de la Maestranza para próximas temporadas, la inauguración de la presente ha supuesto uno de los momentos de mayores expectativas del público de los últimos años. Y no se trata sólo de la presencia de Plácido Domingo, sino también de la de una estrella del canto como Nino Machaidze y de una producción avalada por el éxito en su presentación en Valencia la pasada temporada. Si a ello se le añade que Massenet es siempre un autor que suele gustar a casi todo tipo de público por su fácil melodismo, los ingredientes para una interesante noche estaban preparados.

Hay que alabarle al diseño escénico de Nicola Raab el dotar de vida y de interés a un argumento tostón, a unos personajes acartonados y a una música a menudo repetitiva, por momentos vulgar y ramplona y con chispas de interés dispersas eventualmente. Al perfil sinuoso y al arabesco de las melodías se superponen los planos curvos y los movimientos circulares de los personajes. La acción se traslada al mismo momento de fines del siglo XIX en que se estrena la ópera, en ambientes de decadencia moral y de derroche material y estético. Sobresale el segundo cuadro del primer acto por la brillantez del vestuario y las tonalidades cálidas de la iluminación, tonalidades que se vuelven pastel al comienzo del segundo acto. No tan acabado quedó el tercer acto, con exceso de movimiento de la plataforma giratoria y con la engorrosa presencia de un tul sucio.

Halffter se mueve siempre bien en estas músicas decadentes del último romanticismo y la melosidad y melifluidad de la partitura de Massenet encontraron en su batuta un fraseo lánguido y una facilidad para delimitar los planos sonoros con nitidez, permitiendo que toda la tímbrica efectista del papel se trasluciera con eficacia. Supo evitar la trampa dulzona que supone la famosa Meditación mediante el control del tempo y del rubato y con la colaboración eficaz del violín de Eric Crambes, muy comedido también en el fraseo.

A pesar de que el paso del personaje de Athanaël del original baritonal a la voz tenoril de Domingo suponga la pérdida del color denso y oscuro que define al personaje, Domingo supo dotarlo de encarnadura vocal. Sorprende la frescura de la voz a su edad, con un centro cálido y una admirable técnica de proyección, si bien en los pasajes más graves se detectaron sonidos mates mientras que a veces se ayudó del portamento para alcanzar las notas superiores. Pero queda incólume la carga expresiva de su canto y la dramaticidad de su fraseo.

Es posible que debamos agradecer a Domingo la presencia en Sevilla de una estrella como Nino Machaidze, una de las voces más bellas y atractivas de la actualidad. El timbre es redondo, rico en tonalidades; la voz corre perfectamente en el registro lírico-ligero y su fraseo es de una gran intensidad emotiva. Hubo regulaciones de gran calidad y sólo tuvo problemas con las notas graves de su monólogo inicial del segundo acto. A los doce años de su anterior presencia en Sevilla, Antonio Gandía brilló con la nitidez y el squillo de su registro agudo, en cuyo control muestra una sólida técnica y una eficaz expresividad. Eficaz, aunque con más trémolo que antaño, el Palémon de Palatchi. Belleza tímbrica y elegante fraseo fueron las virtudes de Marifé Nogales, especialmente como Albine, y a quien secundó en el primer acto una notable Micaëla Oeste. Y a recordar también la buena voz de David Lagares. Sus compañeros del coro cerraron una noche cuajada de éxitos.

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