Estética de gimnasio

Canto posmoderno a la testosterona y la liberación de tensiones a mamporro limpio, Rompiendo las reglas desembarca inopinadamente en la cartelera dentro de la ya habitual pleitesía que nuestros distribuidores le deben a las grandes compañías norteamericanas.

De otra manera no se explica el estreno en España de este subproducto juvenil destinado a ser carne de videoclub de barrio, un filme que rebusca en la vieja fórmula ochentera de Karate Kid para ponerla al día pasándola por la estética del cuerpo a cuerpo de El club de la lucha, eso sí, olvidándose de todo lo demás, a saber, de la ironía anticonsumista que encerraba la cinta de Fincher. Entre pelea y pelea, y a la espera del archisabido combate final, Rompiendo las reglas glorifica el músculo sobre la inteligencia, la guerra sobre el diálogo, el guerrero sobre el individuo. Y lo hace con todo un arsenal de violencia sudorosa, maniqueísmo peleón de high school y una estética de gimnasio saturada y videoclipera (de la mala, se entiende) puesta al servicio de una interminable pasarela de torsos aceitosos y animadoras en bikinis de temporada.

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