'Hamlet' se deshace de etiquetas de la mano de Teatro Clásico de Sevilla

  • La compañía representa en el Lope de Vega, con las entradas agotadas, una adaptación "despojada" del clásico.

Tras una extensa y celebrada trayectoria en la que han adaptado a Calderón de la Barca, Lope de Vega, Fernando de Rojas y Quevedo, un largo camino culminado con las excelentes El Buscón y La Estrella de Sevilla, la compañía Teatro Clásico de Sevilla tenía "la intención de crecer más", afirma el actor y productor Juan Motilla. La formación encontró esa oportunidad en la cercanía -será en 2016- del cuarto centenario de la muerte de William Shakespeare y en su texto más representado, Hamlet. Así, el príncipe de Dinamarca regresa desde hoy hasta el sábado al Lope de Vega, en una versión de Alfonso Zurro que resalta la humanidad de un personaje atribulado por las dudas gracias a una mirada "sin grandilocuencias". La adaptación, aplaudida en los festivales de Almagro y Niebla, ha agotado las entradas para sus funciones de Sevilla.

Zurro, encargado de la dirección y la dramaturgia, partió para la relectura del clásico de la traducción "canónica" que hizo al español Leandro Fernández de Moratín. Ese material riquísimo e inabarcable -"la obra encadena una frase bella tras otra, es como una sucesión de fuegos artificiales, que no terminas de apreciar uno y ya explota otro"- se ha convertido en manos de Zurro en un espectáculo de dos horas y media de duración y dividido en dos partes. Como director, el salmantino afincado en la capital andaluza ha vencido "ese prurito de hacer una cosa moderna, que el protagonista viva en una nave espacial o algo así". La denominación de la compañía, Teatro Clásico de Sevilla, asegura entre risas, le frenó ante la tentación de "pasarse de rosca" y ayudó a una revisión "respetuosa, y al mismo tiempo muy contemporánea".

Para Zurro, la fuerza que sigue exhibiendo el protagonista de la obra radica en que "no da soluciones, se sigue preguntando. Necesita encontrar una verdad pero no llega a dar con ninguna". Una complejidad que ha recaído en Pablo Gómez-Pando, el actor que ya encabezaba el reparto de El Buscón y que ahora es el protagonista de un equipo de diez actores en el que destacan Juan Motilla como Claudio, Amparo Marín como Gertrudis y Rebeca Torres como Ofelia, y en el que Manuel Monteagudo, que encarnaba a Polonio y al Sepulturero, ha tenido que ser reemplazado por motivos de salud por Juanfra Juárez y Joserra Leza.

Gómez-Pando afronta "el personaje más grande de la literatura dramática" intentando "quitarle hierro" a "todos los actores que lo han hecho, todo lo que han escrito sobre él". Su propósito, afirma el intérprete, ha sido "hacer a Hamlet muy humano y acercarlo todo lo que pueda a mí mismo. Alfonso me ha guiado en esa dirección". A través de las vivencias de su príncipe, se analizan grandes cuestiones como "el amor, la corrupción, la amistad, la vida, la muerte", pero el tono esquiva "la grandilocuencia": Zurro pidió a su elenco que hablara "con mucha sinceridad, sin darle trascendencia a las frases. No queríamos esa actitud de esperad, voy a decir algo importante, sino que las palabras fluyeran".

Amparo Marín incide en la "humanidad" de los personajes de Shakespeare y da vida a una Gertrudis que lucha contra su leyenda. A la madre de Hamlet "la han etiquetado mucho, y a mí me gusta quitarle esas etiquetas. Es una mujer de mediana edad que quiere vivir una segunda juventud, que alberga vitalidad para tener otra relación, pero que no mira lo que tiene al lado y ahí empieza la tragedia".

En la escenografía, una creación de Curt Allen, el castillo de Elsinor se transforma en una estructura circular de espejos que acentúa "el mundo de desdoblamientos, de dudas" que habitan los personajes. Un trabajo que persigue la austeridad, tal como subraya Zurro. "Yo tengo una consigna: si un objeto no es fundamental desde el punto de vista dramático no tiene por qué salir a escena. El puñal, porque va a ocasionar una muerte; la calavera porque es necesaria en un momento decisivo", apunta el director. El vestuario ahonda en la misma línea: "Los trajes pasan de una cierta exageración medieval al principio a una propuesta más despojada, a formas contemporáneas".

Las representaciones anteriores del montaje, en los festivales en los que se ha estrenado, han demostrado a los responsables que Hamlet sigue deparando sorpresas a los espectadores. "En Almagro están más acostumbrados al clásico, pero en Niebla estimamos que el 80% de los espectadores no había visto Hamlet, veíamos quese quedaban boquiabiertos en determinadas escenas". En su profundidad, la obraes también "una novela de aventuras", y así la conciben desde Teatro Clásico de Sevilla: "Es un Hamlet para disfrutar. Hacemos teatro para el público, eso no se nos olvida".

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