Ilustrar la vivienda

  • Una exposición en Santa María de los Reyes invita a una reflexión sobre la habitabilidad contemporánea

Nadie es ajeno a la delicada situación en la que se halla la vivienda hoy en nuestro país: a un ya notorio cambio en la sensibilidad ciudadana, y con ello de sus necesidades básicas de habitación, se suma ahora la desaceleración de un motor económico que nos removía en un sentido u otro. Y lo que se pone de manifiesto, algo desinflada y abollada la burbuja inmobiliaria, es que a todos nos urge repensar una salida razonable para la vivienda que no quede tan sólo en lo coyuntural de este momento.

Así, queremos hacer notar desde aquí la importancia y oportunidad de esta muestra para avanzar en una búsqueda que piensa la vivienda en términos que van desde modelos alternativos de implantación hasta tipologías más consecuentes y atractivas, más eficaces para todos. Una mirada que forma parte de una continuada reflexión y puesta al día sobre los modos de habitar que a lo largo del pasado siglo, especialmente en su etapa final y con trabajos provenientes de diversos campos del conocimiento, han abierto el debate disciplinar a otras técnicas más acordes con la realidad. Tan importantes, y aún vigentes, fueron las aportaciones de los seminarios internacionales Acerca de la casa promovidos por la COPyT en los años 1992 y 1995, como los celebrados en Valencia sobre Nuevos modos de habitar (1996) o por T. Riley con The Un-Private House, en el Moma neoyorquino (1999), en las que lo público y lo íntimo, la domesticidad, su adecuación a las nuevas familias, la flexibilidad de los modelos, las asistencias tecnológicas o las incipientes formas de trabajo telemático se ponían en juego para repensar la casa y, por añadidura, la propia arquitectura.

Hoy, apenas una década después, abordar este discurso en referencia a entornos más saludables, a modelos de ocupación y de habitación que garanticen una mejor relación de los usuarios con el medio, abren el panorama a otras situaciones igualmente compatibles con la ciudad tradicional: ecobarrios atentos a garantizar condiciones ambientales favorables para la vida, a la medida de un individuo partícipe de su entorno, o viviendas que dejan en mano del usuario su desarrollo definitivo. Y como eso es posible y existen ejemplos suficientes que así lo aseveran, surge la necesidad de enseñarlos, de darlos a conocer para superar la monodieta a la que estamos sometidos por el mercado inmobiliario en su último gran despliegue urbano. Es preciso hablar de las buenas prácticas que posibilitan una mejor vida, debatir acerca de los modelos que las sustentan para poder exigirlos, ahora que la oferta debe ser mejorada para ser la elegida.

Es ésa la gran aportación de la exposición: la difusión de unas alternativas de habitación, tan viables como las que se nos ofrecen en la mayoría de los casos, pero más generosas en sus principios.

Estructurada a partir de dos grandes apartados, que se formalizan en dos ámbitos diferentes, ésta comienza por mostrarnos en los laterales del primero de ellos, lo que expertos y usuarios opinan de las cualidades, papel y necesidad de la vivienda en la vida, la ciudad y como encarnación de los nuevos valores de la sociedad contemporánea.

El visitante se va enfrentando de la mano de proyecciones cinematográficas y de paneles fijos -organizados en cuatro apartados: sociedad, ciudad, tecnología, recursos- a lo que sería un panorama de lo ya pensado a lo largo de todos estos años pasados sobre la vivienda contemporánea. Lo que cambia es que aquí el material está guiado por un doble empeño de síntesis y divulgación, de acercamiento a la sociedad y definición de unos parámetros útiles para la vivienda contemporánea.

Que esto es así, lo muestra la segunda parte de la exposición, en la que un conjunto de paneles, hasta 31, recogen una buena selección de aquellas iniciativas habitacionales que responden de la mejor manera a los parámetros enunciados como garantes de una alta cualificación en la primera parte.

Independientemente de cómo valoremos esa adecuación, tampoco se nos dan más datos que algunas imágenes y sobre todo por el cuadro resumen que aparece en cada panel, el argumento de la exposición roza lo tautológico, como en el desenlace anunciado de una novela. Al fondo queda la arquitectura, como testigo unas veces mudo -como en la promoción de Moneo, Torres y Lapeña- y otras explícito de aquello que a partir de ahora deba ser -pese a la ausencia de modelos- la vivienda contemporánea.

La exposición viene acompañada de un ciclo de conferencias que se estructura atendiendo a los cuatro registros que componen el combinado perfecto de la vivienda actual y que convoca a especialistas europeos, españoles y andaluces a dar cuenta del alcance y contenido de los mismos.

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