DANZA

Israel Galván a 360º

  • El bailaor, que el pasado sábado cerró el Festival de Nimes con 'La fiesta', inaugurará en la Maestranza, con 'Arena', la Bienal de Sevilla

Israel Galvána 360o Israel Galvána 360o

Israel Galvána 360o

El bailaor Israel Galván ha asumido la responsabilidad de inaugurar la XX Bienal de Flamenco, el próximo 7 de septiembre, con una relectura de su espectáculo Arena en la Plaza de Toros de Sevilla. Estrenado en la Bienal de 2004 en el Teatro de la Maestranza, apenas dos años después de Galvánicas, fue su primera gran apuesta por el cambio de lenguaje que estaba necesitando. Arena marcó un claro giro del bailaor hacia un flamenco más abierto -deconstruido lo llamaron algunos críticos- y más contemporáneo. Un espectáculo que muchos creían anclado ya a su pasado cuando el sevillano -cuya posición actual en el panorama dancístico le permite hacer solo y exclusivamente lo que de verdad le apetece- ha sorprendido a todos al recoger el arriesgado guante que le acaba de arrojar el director de la Bienal, Antonio Zoido, que aún no ha presentado la programación definitiva de la misma. La última vez que la Plaza de la Maestranza fue utilizada para estos fines fue en la inauguración de la Bienal de 2010, con el cantaor Miguel Poveda como cabeza de cartel.

"A mi no me gusta repetir nada y de hecho hay espectáculos, como Lo Real, que no soy capaz de bailar en este momento de mi vida y de mi carrera. Pero con Arena me ilusiona poder darle un nuevo concepto al trabajo. En primer lugar, abrirlo a 360 grados y buscar la sonoridad de la tierra en una plaza que es ya un espectáculo en sí misma, que nos hace volver a los orígenes, a esa rivalidad entre Joselito y Belmonte, que luego se repetiría con Morante y José Tomás", afirma Galván a propósito de una diatriba torera que hoy ha cambiado de manera radical, centrándose en la dicotomía toros sí, toros no. Una guerra de la que el bailaor es perfectamente consciente y en la que, dice, quiere adoptar una posición absolutamente neutral, a pesar del peso que tiene la muerte en la pieza y de las seis coreografías-toros que está dispuesto a lidiar de nuevo: Bailaor (el toro que mató a Joselito El Gallo en 1920); Granaíno (que acabó con la vida de Ignacio Sánchez Mejías en 1934), Pocapena (que mató a Manuel Granero), Burlero (que mató al Yiyo de una cornada en el corazón), Playero (que mató a Manuel Montaño) y Cantinero (que mató a Pepete en 1989).

'El amor brujo' y 'La consagración de la primavera' serán sus próximos retos

Con él, a la vez toro y torero, había hace trece años una cuadrilla, en la que no faltaba ni el cante ni la guitarra ni un piano, una gaita del Gastor y una charanga, amén de algunos invitados ocasionales. "Ahora -confiesa- no tengo claro quién va a estar conmigo en la arena, aunque es seguro que estarán muchos de los que estuvieron, como los hermanos jerezanos David y Alfredo Lagos (cantaor y guitarrista respectivamente), y otros nuevos, como la pianista que me acompañó en La curva, Silvie Courvoisier, y muy probablemente, el Niño de Elche".

Tampoco está dispuesto el bailaor a renunciar a la emblemática e insustituible colaboración de Enrique Morente -uno de sus grandes inspiradores- quien, a través de una filmación, marcaba el ritmo implacable de la corrida, ya con su cante -"La tarde que mataron al Espartero, Belmonte, que era un niño, se quedó quieto", desgranaba su voz a la salida del primer toro-, ya como un espectador más en el tendido, como ese público de la Maestranza en cuyas manos está decidir sobre la vida o la muerte del toro. "No sé todavía técnicamente cómo lo vamos a resolver, pero quiero que la voz de Enrique me llegue a mí y envuelva de un modo u otro a todos los espectadores", sigue diciendo el bailaor en una entrevista concedida a este medio durante la presentación de su último y polémico trabajo, La fiesta, el Festival Flamenco de Nimes.

La cita fue el pasado sábado en el teatro Bernadette Lafont de la hermosa ciudad del sur de Francia, donde existe desde hace años una enorme afición por el flamenco, amén de ser uno de los lugares más relevantes también para el mundo taurino, cuyo epicentro es su famosa y romana Arena oval.

En Nimes, Israel Galván sembró la polémica, como siempre, pero logró convencer a la mayoría de los aficionados -más a los amantes de la danza en general que a los defensores del flamenco tradicional- que llenaron el teatro, en una edición que ha tenido una especial significación para la danza flamenca masculina más contemporánea. La inauguración había corrido a cargo de Andrés Marín con su Don Quijote y en medio, con un destacado éxito, se presentaron David Coria con El encuentro y Ángel Muñoz con Claroscuro.

En cualquier caso, el espectáculo, como suele ser habitual en el modus operandi de este genial artista, ha ido modificándose desde su polémico estreno, a principios de mayo del pasado año, en una pequeña localidad cercana a Viena -donde gran parte del público abandonó la sala indignado- y, sobre todo, desde su paso por el Festival de Aviñón, donde actuó con todos los honores en el Palacio de los Papas.

Según Galván, "el público es el que de verdad remata mis espectáculos. No el público del ensayo general o del estreno, sino el público de los distintos países que paga para verme. Es el que de verdad me recoloca y me hace sentir si voy por un camino equivocado. Por eso suele transcurrir bastante tiempo antes de que cierre definitivamente un trabajo. Otra cosa es que a mí me gusta siempre cambiar algo para que los espectáculos se mantengan vivos. En los últimos tiempos, además, he comprendido que tengo que bailar solo; ese parece ser mi destino y me aburro a veces de mí mismo, por eso cambio las cosas".

En la actualidad, la fiesta del sevillano, que ha reducido su duración a poco más de una hora, tiene como invitados a Ramón Martínez, Bobote, Uchi, Eloísa Cantón, Caracafé, la cantante tunecina Alia Sellami, el músico Alejandro Rojas Marcos con su clavicordio y El Niño de Elche.

Galván, en plena madurez creativa, no da demasiada importancia a la polémica suscitada y confiesa que "es cierto que mientras en Flacomen mostraba mi cuerpo más alegre, La Fiesta incluye una parte mucho más dramática porque las fiestas no siempre acaban bien y yo quería hablar de ese mal cuerpo que te deja en ocasiones. Para eso yo necesitaba romper la línea musical y la línea coreográfica porque lo que buscaba eran sensaciones sonoras, esos fragmentos que probablemente están en mi subconsciente desde que era un niño que dormitaba sobre una mesa en una sala de fiestas o un tablao, esperando para darme la pataita final con mis padres, y en mis sueños se mezclaban fragmentos de cante con la actuación de algún mago, o un ventrílocuo…".

En esta fragmentación, casi pulverización serializada del discurso musical y coreográfico (inspirado también en determinados aspectos en la concepción del mundo sonoro de Val del Omar), que llena su fiesta y alcanza a todos sus invitados, Galván ha encontrado a un cómplice perfecto en el Niño de Elche que, experimentador nato como él, ha adquirido un lugar esencial en el espectáculo.

Para alegría de sus muchos admiradores, y del propio creador, La fiesta llegará a Sevilla, para cerrar la temporada del Teatro Central, los días 18 y 19 del próximo mes de mayo, tras presentarse, el 4 y el 5, en los Teatros del Canal de Madrid. Mientras tanto, nuestro artista más internacional sigue girando con cuatro piezas diferentes: La fiesta, el Solo, Flacomen y La Edad de Oro, un trabajo que sigue siendo su caballo de batalla, al que vuelve una y otra vez desde su creación en 2005, hasta el punto de que está pensando proponerle a su hermana, la bailaora Pastora Galván, realizar la versión femenina de la pieza, con la colaboración de la jovencísima María Terremoto (hija de Fernando, el desaparecido cantaor jerezano que solía acompañarlo hasta su prematura muerte) al cante.

Un periplo que comienza el próximo día 7 de febrero en el Festival Montpellier Danse y que luego continuará por todo lo largo y ancho de un mundo cada vez más absurdo en el que, por dar un ejemplo, hay países árabes en los que el bailaor se ha visto obligado a cambiar su nombre artístico por el de Galván de los Reyes porque no quieren ver la palabra Israel en los carteles de la calle.

En medio de este nomadismo, su cabeza, siempre en movimiento, tiene ya dos nuevos proyectos para 2019. Se trata de dos solos, el primero de los cuales será una recreación de El amor brujo, la pieza de Manuel de Falla que coreografió por vez primera la compañía de Pastora Imperio en 1915 y paseó por Europa con un enorme éxito Antonia Mercé La Argentina a partir de 1925 (previsto para febrero) y el segundo, su visión particular de La consagración de la primavera de Igor Stravinski, otra de las piezas emblemáticas de la danza, estrenada en 1912 por Nijinski y cuya versión más celebrada ha sido la coreografiada por Pina Bausch.

Y por si le quedara tiempo para aburrirse, nos confiesa que piensa bailar, casi de incógnito, en una pieza del francés Aurélien Bory, un director que ama mezclar el circo, la danza y el teatro visual y que sorprendió a todos con su trabajo Sans objet (presentado en el Teatro Central en 2011) y, sobre todo, con el solo que le dirigió a la japonesa Kaori Ito en medio de 5.000 hilos de polipropileno, presentado en el Central en 2014.

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