Larga vida al 'rockumental'

  • El estreno en salas de 'Shine a light' y 'Joe Strummer. Vida y muerte de un cantante' nos invita a repasar la historia de este peculiar género documental

Las discográficas acuden hoy al DVD como obligado reclamo complementario para seguir vendiendo discos en tiempos de crisis. DVD que suele incluir escenas de la grabación del disco, videoclips, entrevistas, imágenes de conciertos y giras o documentales sobre el artista o la banda. Estos últimos son los que Marty di Bergi (Rob Reiner) bautizaba como rockumentaries en aquella memorable parodia del género titulada This is Spinal Tap (1984), antológica comedia sobre una (falsa) banda de rock en clave de -no menos falso- documental hagiográfico finalmente convertido en hilarante crónica de un fracaso.

El rockumental vive hoy, por tanto, su mejor momento desde que se pusiera de moda allá por los años setenta gracias a festivales como Woodstock o Monterey, a los Beatles (A hard days's night, parodiada por los Monty Pythons en la desternillante The Rutles, all you need is cash), los Rolling Stones (Gimme shelter, Sympathy for the devil), The Band e invitados (El último vals) o Bob Dylan (Don't look back), y al impulso de jóvenes directores que, como los hermanos Maysles o Don A. Pennebaker, inauguraban el direct cinema siguiendo la pista de los nuevos ídolos contraculturales.

Un momento dulce unido a la obligada sinergia entre las industrias del cine y del disco, que se ve propulsado además por el reciente estreno en salas de títulos como Shine a light, en la que Scorsese y los Rolling Stones unen sus firmas en una calculada operación de marketing, o Joe Strummer, Vida y muerte de un cantante, del especialista Julian Temple (suyos son también otros trabajos sobre The Sex Pistols -The great rock'n'roll swindle y La mugre y la furia- o el festival de Glastonbury), en la que el director de Absolute beginners vuelve a rendir cuentas con la generación punk a través de un lúcido y emotivo retrato del líder de The Clash.

Pero son muchos más los rockumentales que han alcanzado cierto renombre en las últimas décadas tras su paso por las salas (En la cama con Madonna, U2 Rattle and Hum), en muchos casos gracias a la unión de artistas de renombre con realizadores de prestigio. Véase por ejemplo el doblete de Neil Young frente a las cámaras en Year of the horse (1997) y Neil Young: Heart of gold (2006), dirigidas respectivamente por Jim Jarmusch y Jonathan Demme, quien ya antes se había acercado al grupo neoyorquino Talking Heads en Stop making sense (1984). El propio Scorsese parece hoy más fino en su reescritura documental de la historia de la música americana que en sus filmes de ficción. A Shine a light y El último vals cabe añadir su trabajo sobre Bob Dylan, No direction home, y la no menos destacable producción de la serie The blues (2003), en la que él mismo dirige el capítulo Nostalgia del hogar. En The blues participan también Clint Eastwood (Piano blues) o el alemán Wim Wenders (The soul of a man), director siempre muy vinculado al rock que alcanzó un considerable éxito con su retrato de los entrañables ancianos del son cubano en Buena Vista Social Club (1999). Igualmente destacable es el documental Dave Chappelle's Block Party (2005), en el que Michel Gondry sigue los preparativos de un concierto sorpresa en Brooklyn en el que participaron algunos de los mejores raperos norteamericanos.

Si bien sus directores son menos conocidos, recientemente hemos podido ver algunos interesantes documentales sobre importantes y olvidadas figuras del rock y el pop. En The devil and Daniel Johnston (2005, Jeff Feuerzeig) descubrimos el fascinante perfil maldito y esquizoide de uno de los grandes cantautores norteamericanos, mientras que en Scott Walker, 30 century man (2006, Stephen Kijak), ponemos al fin voz y rostro al enigmático crooner de los sesenta, recluido hoy en la experimentación sonora más radical. A skin too few (2000, Jeroen Berkvens) busca también las huellas de Nick Drake, que murió joven para dejar un bonito cadáver y un puñado de hermosas canciones. Desde Islandia, Heima (2007, Dean Deblois) nos lleva de gira con Sigur Rós por los parajes más hermosos de la isla, sin duda fuente de inspiración del peculiar sonido del grupo, mientras que Cruzando el puente (2005, Fatik Akin) nos pasea por la fusión de tradición y modernidad en la música que se hace hoy en los locales de Estambul.

Igualmente recomendables son los rockumentales sobre Metallica (Some kind of monster, 2004), The Flaming Lips (Fearless Freaks, 2005), The Dandy Warhols (DIG!, 2004), Radiohead (Meeting people is easy, 1998) o Rufus Wainwright (All I want, 2006), así como los vibrantes conciertos filmados de Scissors Sisters (We are and so you are, 2004) o The White Stripes (Live under Blackpool lights, 2004). Y un último apunte local para reseñar las interesantes películas experimentales del asturiano Ramón Lluís Bande para Nacho Vegas (El fulgor, 2002) o el grupo Mus (Divina lluz, 2005).

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