Lecciones para la ciudadanía

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El signo -igualitario y políticamente correcto- de los tiempos nos trae una serie de ficciones más atentas a cubrir cuota con vocación didáctica y espíritu compensatorio que a añadir novedad o calidad algunas a la historia del cine, incluida la de sus subgéneros. Es así como, de un tiempo a esta parte, y hablamos sólo de nuestro ámbito español, empiezan a distribuirse y estrenarse comercialmente con regularidad películas de temática gay-lésbica, ocultas durante tanto tiempo en los circuitos alternativos.

Fuera del vestuario es la última en llegarnos, desde la fría y recóndita Islandia, país de escasa tradición cinematográfica que puntúa aquí para la causa con una peliculita mediocre e insustancial que debe su visibilidad (porque parece que de eso es de lo que se trata en definitiva) a la ocurrencia cómica de imaginar un equipo de fútbol íntegramente formado por jugadores homosexuales y que aspira, ahí es nada, a entrar en las competiciones y liguillas oficiales de su país.

Con un mensaje tan transparente como elemental, la película de Robert I. Douglas dibuja los necesarios estereotipos cómicos de una comunidad heterosexual homófoba e ignorante frente a unos homosexuales simpáticos y justos para servir en bandeja un amable y previsible partido por la igualdad y el orgullo gay. Por el camino, chistes de dudosa pegada y caminos accesorios para hablar de otras (in)tolerancias y temas candentes de nuestro tiempo (la relación entre padres e hijos, las relaciones interculturales, etcétera), ponen su granito de arena conciliador y bienintencionado para que aprendamos la lección. Pero cine, lo que se dice cine, aquí hay poco.

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