Memoria de Oriente Medio

  • Recuperando asuntos como el plan urbanístico que se proyectó para Bagdad o los filmes de propaganda, Ala Younis indaga en los archivos para interrogarse en torno a la geopolítica

Hay en el arte hoy un tipo de obra que centra la actividad de muchos autores: el archivo. El artista busca, recoge y ordena elementos de un modo cercano al etnógrafo. Hay quien tacha esas obras de moda o capricho. No siempre es así. Con frecuencia es una actitud sabia. Durante mucho tiempo nuestra cultura consideró crucial la historia. Posiciones políticas y apreciaciones morales muy diversas entre sí recurrían a la historia para presentar sus argumentos. Marxistas y darwinistas sociales, conservadores y liberales (humanitarios o no) acudían a la historia, buscando en ella (y casi siempre hallando) dictamen favorable a sus propuestas. El artista-archivero es más cauto: desconfía de las grandes palabras, prefiere rastrear en la trastienda y aún en los trasteros, al margen de cuanto aparece a la vista, para hallar rasgos que permitan saber qué se perdió, qué se silenció, qué esperanzas se generaron para después quedar en nada o al menos en algo que poco tenía que ver con lo proyectado.

Ala Younis (Kuwait, 1974) es una de estas buscadoras. Lo demuestran los planos, maquetas, figuras y textos que forman su trabajo sobre el Plan urbanístico para el gran Bagdad cuya referencia básica es el palacio de los deportes proyectado por Le Corbusier. No fue el único arquitecto requerido para intervenir en Bagdad: también lo fueron Lloyd Wright, Gropius y Aalto, índice de las expectativas despertadas en Irak por el alza del precio del petróleo en los años cincuenta. El afán de modernización tropieza con la inestabilidad política, no sólo del país, sino de la región, cruzada por presiones geopolíticas. Surgen de los acuerdos secretos Sykes-Picot, por los que, hace un siglo, Francia y Gran Bretaña se reparten Oriente Medio, las acentuán la guerra fría, los nacionalismos árabes y las tensiones con Israel. El proyecto de Le Corbusier persiste entre sucesivos golpes de estado, gracias a arquitectos y sobre todo arquitectas, que no pierden de vista una ciudad mejor. En la instalación, faltan estas figuras femeninas. Son varones (casi todos políticos) los que aparecen en torno a la maqueta del edificio de Le Corbusier.

Sobre la quiebra entre la identidad pública y la privada medita Younis en documentos y dibujos

Las tensiones geopolíticas, que propiciaron guerras e inestabilidades (y las siguen causando) tienen su contexto en la militarización de los estados: hay en la zona casi dos millones y medio de soldados (la cifra no incluye las tropas irregulares). Younis impulsa la reflexión sobre tal militarismo con una instalación de 1261 soldados de plomo (uno por cada doscientos de los existentes) con los distintivos nacionales pintados en sus uniformes. La ironía -juego de guerra, juego de niños- queda en suspenso ante la realidad de vidas rotas, ciudades destruidas, desplazados y refugiados forzados a emigrar sin que nadie los acoja.

Otra huella de los intereses geopolíticos en Oriente Medio son los fragmentos recuperados por la autora de filmes de propaganda soviética: antes frecuentes -al compás de la política de bloques-, hoy extraviados. Más interés tienen otros fragmentos: los que muestran las esperanzas despertadas por la figura de Abdel Gamal Nasser que convertirían su fallecimiento (a los 52 años) en un profundo drama entre los árabes. Entre esos recuerdos, el slogan de Nasser: Egipto fabricaría por sí mismo todo, de agujas a misiles (From Needles to Rockets). Younis destaca una peculiar máquina-herramienta, la máquina de coser marca Nefertiti. Determinadas deficiencias, surgidas con el uso, no disminuyen el atractivo de su diseño ni el hecho de asegurar a las mujeres una actividad independiente, inicio de un mundo propio. La instalación -vídeo breve pero sustancioso, y máquinas recuperadas- tiene calidad formal pero sobre todo hace pensar en proyectos, un día ilusionantes, deshechos, no por fallos técnicos, sino por la imposibilidad de que los poderosos cooperen sin pretender dominar.

Sobre esa quiebra, característica de lo moderno, entre la identidad pública y la privada, medita Younis en documentos y dibujos que se interrogan sobre qué alienta en verdad bajo la acción humana: ¿qué hay bajo la desesperanza que mueve al suicidio? ¿cuánta estrategia de poder hay bajo el deporte (citius, altius, fortius)? La misma idea parece subyacer a su reflexión sobre el filme Demasiado pronto/demasiado tarde, de Daniéle Huillet y Jean-Marie Straub, que contrasta la revolución francesa y la posible revolución egipcia. El cambio social carece de recetas y fórmulas. Cuando se ignora esta sencilla verdad, puede hacerse real el aforismo de Benjamin: no hay documento de cultura que no lo sea, a la vez, de barbarie.

La muestra, intensa, tiene un momento de descanso en las pequeñas fotografías de jardines botánicos. Una pasión de la autora que entre las imágenes, intercala breves poemas y desliza un recordatorio: los primeros jardines, los colgantes de Babilonia, se hicieron a instancias de una mujer.

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