Metropolisiana arranca con una ficción futurista y un poemario sobre la vida

  • La nueva editorial sevillana lanza como primeros títulos 'Oro', de Manuel Rosal, y 'Deriva', de Alberto Marina Castillo

La editorial hispalense Metropolisiana presentó ayer los dos primeros títulos que lanza al mercado, ambos escritos por dos colaboradores de Diario de Sevilla: Oro, de Manuel Rosal, un poemario en el que late la emoción ante lo vivido, y Deriva, de Alberto Marina Castillo, una novela futurista en la que su creador rinde un tributo, no exento de humor, a alguno de sus relatos favoritos de ciencia ficción.

En Oro, Rosal expresa, a través de una lírica serena, "el valor de la experiencia". El escritor eligió este tema para hilar el libro desde la convicción de que "la vida de cualquier ser humano es oro, oro es lo que lleva en su bolsa". Así lo describe el poeta en el texto homónimo: Qué ancho el corazón de un hombre / cuando lo ha perdido todo y se levanta. / Plantado en el camino, con la línea / del horizonte partiendo su pupila, / puede tanto que parece oro / el polvo al sacudirse.

Rosal ha planteado el poemario desde la emoción -"he intentado que no haya novedad", declara- y fija su mirada en "cosas cercanas aunque estuviesen lejanas en el tiempo". Así, en este recorrido íntimo se alternan las imágenes de los valles de Cantabria, escenario en el que Rosal compuso la obra, y "los paisajes de la Bahía de Cádiz de mi infancia, porque yo nací en San Fernando".

Rosal, poeta de larga trayectoria aunque Oro sea su primer libro publicado en este género, asegura preferir la intuición a la técnica. "Desde el principio me he apartado de la métrica. Desconfío del oficio, porque cuando alguien tiene un oficio siempre mancha lo que hace. Yo con la poesía me siento y espero a que llegue", revela este autor gaditano afincado en Sevilla.

Por su parte, Alberto Marina Castillo apunta que Deriva, que en un principio iba a subtitularse Un disparate cósmico, "nació como una novela privada, para ser leída a un círculo de amigos". Con esta narración, su artífice quería acercarse "a esa tradición de las novelas futuristas" y hacerlo desde la ironía. "Venero esas obras, y la que yo hago es una parodia desde el respeto que les tengo. O más bien es una autoparodia, una burla de mi modo de acercarme a las grandes novelas futuristas", aclara Marina Castillo, que cita entre algunos de sus libros favoritos 1984, de George Orwell, Un mundo feliz,de Aldous Huxley, y Fahrenheit 451, de Ray Bradbury.

Como especialista en ciencia ficción, el narrador se ha esforzado en describir -ayudado de su protagonista, Nataniel Eden, al que se define como "campeón de tenis interestelar"- un universo diferente, lleno de imaginativos objetos, para combatir una de las debilidades que suelen tener estas historias. "Uno de los defectos de un género que se pretende futurista es que se crean paisajes que pronto se quedan obsoletos, porque nuestra idea del futuro se plantea con trozos del presente", argumenta Marina Castillo.

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