Monumento a los exiliados republicanos

Cuaquier sorpresa puede esperarte tras una esquina. Esta es la impresión que uno tiene después de ver el espectáculo interpretado por Blaïr Mateu Trias. A priori la historia de los exiliados españoles en Francia tras la victoria de Franco contada desde el punto de vista de un clown no parecía que fuera lo más sugerente.

Sin embargo, bastaron cinco minutos para que uno pudiera percatarse de que estábamos ante uno de esos momentos en los que la intención, la voluntad y el trabajo bien hecho se unen para culminar en un espectáculo completo, lleno de dulzura y compromiso interpretado por un clown curtido en las artes circenses.

Con un despliegue de medios y una creatividad pasmosa en el escenario que se va transformando en frontera, Pirineos, campo de concentración (de asilados) a la misma vez que Blaï Mateu va haciendo gala de su dominio como malabarista, acróbata y músico, la obra que lleva el título del nombre del payaso Ï,un republicano que habla español, catalán y francés, reinvindica el espíritu arnaquista y la búsqueda de la libertad junto al recuerdo de los exiliados.

Sorprende la sensibilidad extrema con el que está tratado el tema, la poesía que reina durante toda la función, las canciones republicanas, el canto del ángel, las mariposas/luciérnagas cayendo del techo, la fuerza del vendaval ondeando la bandera (luego es dirigido al público). Sorprende y emociona porque todo esto, durísimo, es transmitido por un ser inofensivo, un clown, poseedor de la frescura y la inocencia que le dan fuerza y firmeza para reivindicar sus convicciones.

No sólo hay un buen actor en Ï. A la elección del tema y al ocurrente escenario hay que sumarle una impecable e impagable dirección a cargo de Michel Cerda.

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