Crítica de Música

Música para público sin prejuicios

zahir ensemble

VII Festival de Música Contemporánea del Zahir Ensemble. Programa: 'Sequenze' XII, V y IV, de Luciano Berio. Instrumentistas: Ramiro García (fagot), José M. Barquero (trombón) y Carlo Prampolini (piano). Lugar: Auditorio CICUS. Fecha: Sábado, 11 de junio. Aforo: Tres cuartos.

Culminó ayer una de las iniciativas musicales más interesantes y trascedentales de esta temporada que llega tristemente a su fin entre tribulaciones, déficits, enfrentamientos, renuncias. Pero al menos alguien como Juan García y el Zahir Ensemble han sabido abstraerse de este panorama de mediocridades y miserias en cuyas manos está la cultura sevillana y plantearse un reto histórico como el que supone la interpretación por primera vez en la ciudad de las Sequenze de Luciano Berio. Es curioso, pero se ha echado a faltar entre el público a algunos de los gurús oficiales de la música contemporánea en Sevilla. A lo mejor es que estas piezas no son lo bastante contemporáneas para sus gustos.

Cuestiones cronológicas al margen, hay mucha mayor radicalidad y mayor grado de experimentación sonora y conceptual en estas obras que en la mayoría de las obras de las últimas décadas. Porque Berio juega con dos presupuestos profundamente inquietantes: la experiencia del límite de la escucha y la disolución del significado en un juego de significantes. El oyente no puede situarse ante estas obras de la manera en que se sitúa habitualmente en las salas de concierto. Si se está a la espera de que el compositor sitúe ante nosotros el sentido de su composición mediante los códigos expresivos tradicionales, esta música no sólo no nos dirá nada, sino que nos resultará incluso agresiva. Así, por ejemplo, la pieza para piano está dispuesta para acuciar nuestra memoria sonora mediante el juego de las resonancias (muy exigente juego de pedal) para que en nuestro cerebro relacionemos las notas que suenan con sus transformaciones armónicas una vez se las deja resonar libremente, en un desafío a nuestra capacidad para relacionar sonidos con una sintaxis diferente. Algo que se pudo experimentar gracias a la espectacular interpretación de Prampolini, de una agilidad y precisión inmejorables.

La muy exigente pieza para fagot, excelentemente ofrecida por García, nos reta a desprendernos de la búsqueda de significados y a sumergirnos en el goce del caleidoscopio de sonidos, desde los deslizamientos microtonales al falso contrapunto del trémolo. Sentido lúdico que se acentuó en la obra para trombón, con un espléndido Barquero vestido de payaso, jugando con la alternancia entre voz e instrumento.

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