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  • Manuel Hidalgo se acerca en 'Lo que el aire mueve', una novela "pesimista, dura y negra", a los jóvenes "desnortados y desabastecidos" de las periferias urbanas

"A veces la prensa refleja ciertas realidades por el lado de los sucesos, es decir, de lo excepcional. Pero el perfume, el fresco global de la vida cotidiana, raras veces aparece". Esta "preocupación seria" condujo al escritor y guionista de cine Manuel Hidalgo a imprimir "un giro" en su carrera. Siguen importándole "la enfermedad, la muerte y el humor", continúa "queriendo y tratando de entender" a sus personajes, pero si antes el autor ponía el acento en las relaciones sentimentales, ahora se ha empeñado en escribir una novela que, como "las de los años de [Juan] Marsé, nos devuelva la realidad".

En Lo que el aire mueve (Algaida), ganadora de la primera edición del Premio Logroño de Novela, Hidalgo, que se toma su oficio y el día a día como una "oportunidad de ver, escuchar y conocer a los que no son como uno", ensaya un retrato de "una parte de los jóvenes de pueblos grandes y de las barriadas periféricas". A éstos los ve "desnortados, desabastecidos tanto de valores, sean los que sean, como de herramientas para su formación y, por tanto, carentes de objetivos vitales". El escritor halla en la televisión la principal fuente de "falsos edenes".

Lo que el aire mueve, novela gracias a la cual Hidalgo se ha embolsado 90.000 euros, cuenta la historia de dos hermanos veinteañeros, Javi y Tere, que abandonan el pueblo de sus padres para buscarse una vida mejor en Madrid, aunque "valdría cualquier gran ciudad". La novela, que le "ha salido pesimista, dura y negra", es la crónica de cómo "el viento huracanado en la ciudad se lleva por delante" a los hermanos.

Plagado de diálogos y planteada en tres actos "canónicos" de planteamiento, nudo y desenlace, el libro, admite el autor, está influido por el cine -ha escrito varios guiones, la mayoría para el director Felipe Vega, entre ellos Mujeres en el parque y Nubes de verano-; pero también por el teatro. Y de todos modos Hidalgo reivindica la novela dialogada cultivada por Galdós. También aspira a que Lo que el aire mueve se encuentre "en la estela" de El Jarama, de Rafael Sánchez Ferlosio, de las novelas del Pijoaparte de Marsé, de Aldecoa, Baroja y Cela. "El realismo ha llegado a pasar por antiguo. Sin embargo, al público le encanta el hiperrealismo en pintura y las exposiciones de fotografía siempre se llenan", dice el también autor de La infanta baila, obra que considera, en parte, un tronco del que Lo que el aire mueve sería "una rama", por el retrato que aparece en la primera del Madrid nocturno y marginal.

Por las páginas del libro serpetean algunos fantasmas, uno recurrente (las drogas), otro menos habitual (prostitución), y un atraco que sirve como catalizador de la narración y como guiño a la novela negra. "Pero ésta no es una novela de adolescentes en moto, que se chutan y lo flipan", aclara. "Esto no es 7 vírgenes, película que por otro lado me encanta; la cosa no va de marginados ni de sexo, drogas & rock 'n' roll, sino de cómo son las relaciones de estos jóvenes con sus padres y con la sociedad, sin tremendismo. Y también hay espacio para la ternura y el amor".

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