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Pablo García Baena, in memóriam

  • Felipe Muriel, editor de la última antología poética de Pablo García Baena publicada por Cátedra, 'Mientras cantan los pájaros', disecciona el cosmos estético del escritor cordobés

Pablo García Baena fotografiado en 2010 en el patio de la cordobesa calle Parras donde nació. Pablo García Baena fotografiado en 2010 en el patio de la cordobesa calle Parras donde nació.

Pablo García Baena fotografiado en 2010 en el patio de la cordobesa calle Parras donde nació. / E. D. C.

La importancia de Pablo García Baena dentro del panorama poético del siglo XX es hoy incuestionable; sin embargo, la propuesta estética de él y sus compañeros de Cántico no obtuvo en un principio el eco deseado y sufrieron una larga travesía del desierto, de la que vinieron a rescatarlos los poetas de la promoción de 1968, también llamados Novísimos.

Los Novísimos comenzaron a interesarse por el esteticismo vitalista de Cántico. Guillermo Carnero, uno de sus más brillantes representantes, publicó en 1976 en la Editora Nacional El grupo Cántico de Córdoba. Un episodio clave de la historia de la poesía española de posguerra, un estudio-antología que reivindica la significación del grupo cordobés como puente entre el 27 y la poesía de los años setenta. Ese entorno favorable propició que los poetas de Cántico volvieran a escribir y publicar.

La suya, como la de Bécquer, es una poesía de la memoria: canta lo ausente, lo perdido

A partir de entonces la obra de Pablo García Baena se convertirá en referente inexcusable de las promociones poéticas de los 70, 80 y fin de siglo. La publicación en 1982 en la editorial Visor de Poesía completa 1940-80 con prólogo de Luis Antonio de Villena, por aquel entonces otro poeta joven, supone un paso decisivo en el reconocimiento oficial que certifica la concesión del Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1984.

Modestamente, mi interés por la obra de Pablo se remonta al 30 de marzo de 2011, día en el que Pablo García Baena vino al IES Séneca de Córdoba a leer sus poemas dentro del programa "Encuentros con el autor", promovido por el Ministerio de Cultura. En agradecimiento, elaboramos un cuadernillo que reunía poemas de Pablo con una selección de las ilustraciones y variaciones textuales realizadas por los alumnos. Como título escogimos parte de un verso (salamandra de oro cuya vida es la lumbre) del poema que Pablo dedica a Luis Cernuda en el libro Antes que el tiempo acabe, porque la salamandra representa simbólicamente el artista que se consume en el fuego creador y aspira mediante la depuración permanente a lograr la obra bien hecha. Y esa lucha contra el indómito lenguaje caracteriza a Pablo como a todo escritor de fuste.

Cuando en junio de 2011 fui a entregarle Salamandra de oro le planteé la posibilidad de profundizar en el estudio de su obra con la intención de hacer una antología. Le dije que, consultando las ediciones de sus poemarios, había echado en falta su presencia en la editorial Cátedra, cuyo catálogo de Letras Hispánicas reunía a los mejores poetas clásicos y modernos. Él me sonrió y me dijo si te atreves...

La antología publicada en la colección Letras Hispánicas de la editorial Cátedra contiene más del 50% de los poemas publicados por el autor. Para la fijación de los textos, cotejé las sucesivas ediciones de la Poesía Completa (1982, 1998 y 2008), aparecidas en Visor, con cada uno de los libros impresos.

¿Por qué elegí para la antología el título de una obra tan temprana de Pablo Mientras cantan los pájaros, publicada en 1948? Sopesé varias posibilidades entre versos y títulos de libros del autor y finalmente me incliné por este por sugerencia de mi amigo Carlos Clemenston. El título encierra un guiño juanrramoniano y resuena en él el eco de la revista cordobesa Cántico. Publicado como suplemento de la revista, Mientras cantan los pájaros constituye un acto de afirmación poética frente a garcilasistas y espadañistas; el libro nacía como aquella para cantar la belleza, la vida, el amor, la libertad en el contexto atroz de la posguerra española. Esa exaltación lírica de la belleza y ese cuidado del lenguaje que han sido constantes en el mundo paulino y se han mantenidos vivos hasta el final.

Aunque se suelen distinguir en su obra dos etapas, la de formación hasta Mientras cantan los pájaros (1948) y desde Antiguo muchacho (1950) la de madurez, todos sus libros son un solo libro. Tomando como centro el mundo interior del poeta, sus obras profundizan en los temas esenciales de la memoria, los viajes, los amigos, los libros, la religión, el amor...

Para Pablo vida y poesía están unidas de manera que su obra completa es un diario íntimo. Él parte de sus actos cotidianos y el reto consiste en que las emociones respondan a deseos y sentimientos universales y alcancen un elevado voltaje lírico. Pablo García Baena es, sin duda, uno de los grandes renovadores del lenguaje poético de la segunda mitad del siglo XX.

Él como sus compañeros de Cántico recupera para la poesía española una escritura basada en la memoria sensitiva. La poesía de Pablo es una constante apelación a los sentidos y, en particular, a la vista. Decía Luis Cernuda que mirada y palabra hacen al poeta. Las estampas infantiles, las láminas de Historia Sagrada, la liturgia católica, la naturaleza, el cine, Córdoba, constituyen el imaginario del que se nutren sus poemas.

Recordemos uno de sus poemas más celebrados, "Palacio del Cinematógrafo", publicado en el número 36 de la revista Caracola, en julio de 1955 y posteriormente incluido enÓleo (1958). El mágico juego de luces y sombras, de sueños y realidad que cautivaron a los escritores de principios del siglo XX (Alberti, Salinas) atrae a García Baena, que adelantará en más de veinte años su tratamiento por parte de los Novísimos.

El poema "Palacio del cinematógrafo" presenta una apertura y cierre simétricos. La escueta nota Impares. Fila 13. Butaca 3. Te espero… sugiere una urgente cita amorosa con un "tú" del que desconocemos el nombre. Ese misterioso "tú" es una criatura en la que confluyen lo real y lo quimérico. Surge del sueño triste de mis ojos y de la pantalla de cine: A través del oscuro bosque de ilusionismo/ llegarás, si traído por el haz nigromántico. El personaje alimenta ese secreto amor con el fin de paliar la soledad y de evadirse del opresivo ambiente social de la época.

Desde los deliciosos cuadernos manuscritos de principios de los cuarenta hasta los últimos poemas de Los Campos Elíseos (2006) ha concebido la creación como rapto. Él insiste en que la inspiración regala la primera palabra; luego viene el trabajo paciente y sin prisas como el de un orfebre hasta lograr la forma exacta.

Sus primeros poemas evocan el edén perdido de la infancia. La infancia se representa como el amanecer en un modesto paraíso infantil. Como en Antiguo muchacho, El Corpus, El puesto de leche y Bajo la dulce lámpara, en La Calle de Armas se muestra la mirada virginal del niño, su asombro ante un mundo cotidiano con mañanas de mercado, festividades litúrgicas y viejos oficios tradicionales. La anécdota, el dato trivial, transfigurado por el poder sugeridor de las imágenes, asimila el procedimiento embellecedor de los objetos humildes de su admirado Luis de Góngora.

La identificación con la máxima becqueriana "Cuando siento, no escribo" hace que la suya sea una poesía de la memoria: canta lo ausente, lo perdido.

En el poema Antiguo muchacho del libro homónimo de 1950 la voz poética adulta ahonda en el recuerdo en busca del niño que fue; el sujeto poemático se interroga mediante el motivo clásico del ubi sunt? acerca del destino de su universo de fiebres, lecturas - Verne, Salgari, Defoe- y estampas de religiosidad popular: Decidme dónde tengo aquel niño con el cuello sujeto de bufandas...

Otras veces, paganismo y cristianismo se oponen en libros como Junio (1957), que es un canto al amor pleno, y Óleo (1958), que supone el retorno a la fe tras la conciencia de culpa; otras, esas tradiciones se confunden en poemas como Viernes Santo de Antes que el tiempo acabe (1978), donde la pasión de Cristo y la pasión amorosa se entrelazan.

En Viernes Santo se combinan con técnica cinematográfica dos relatos, el relato de la pasión y muerte de Cristo y el de los amantes, cuyos hilos se funden en los versículos finales. Cohesiona el texto la concepción del amor como rito sacrificial; los oficiantes desempeñan los simultáneos papeles de verdugo y víctima, el placer se confunde con el dolor e incluso los enamorados, conforme al decadentista sentimiento de la algofilia (Baudelaire, Swiburne, Valle-Inclán) encuentran deleite en el martirio de amor: y desnudo, desnuda hasta la sangre,/ nos desnudamos, rito, sobre el lecho, cordeles lacerantes/ de los besos, caricias aprietan,/ tiran, tinta la res del sacrificio...

Junto a ese claroscuro barroco, ese tejido pagano y cristiano, la obra de Pablo está llena de referentes culturales que él desarrolla en forma de monólogo dramático para evitar el confesionalismo romántico y como correlato objetivo de sus sentimientos: recordemos los bíblicos de la hija de Jepthé y Verónica, el mito de Narciso o la figura de Góngora en el poema Última Soledad.

Sean cuales sean los calificativos que la crítica asigne a su producción -barroca, manierista, decadente, clásica, neorromántica...- su acierto será limitado, ya que nos ofrece una obra poliédrica, y además su trayectoria constituye un modelo de poeta insobornable, fiel a sí mismo que ha conseguido conmover con la magia de su palabra a todos los lectores que se han acercado a saborearla.

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