Pasó la furia de Masada y llegó la calma

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El escenario y los muros del Teatro Central resistieron la furia de la tempestad del viernes. Zorn y la guitarra incendiaria de Ribot borraron el mal sabor de boca que nos había dejado el concierto del jueves (seguimos sin entender, al margen de políticas presupuestarias de provinciana estrechez de miras, que haya que rellenar la escena jazzística con músicos respetabilísimos, mas de un ámbito tan ajeno al jazz como es el flamenco), y llegó la calma. Enrico Rava, uno de los más grandes jazzmen europeos, traía consigo un quinteto de jóvenes músicos, Gianluca Petrella, al trombón, el más brillante de todos ellos. El tándem formado por Petrella y Rava (que comenzara tocando el trombón de estilo dixieland y ha transitado el free jazz en las mejores formaciones europeas y junto a grandes como Steve Lacy, hasta instalarse en este cool jazz flexible, fogoso y gozoso) hizo las delicias del público, mayoritariamente de la quinta del veterano trompetista triestino.

El repertorio interpretado está registrado fundamentalmente en el último y espléndido disco del trompetista (The words and the days, ECM): Todamor, dedicado a Cortázar, Echoes of Duke, el Art Decó de Don Cherry. No faltó el homenaje a Fellini (busquen, si no lo tienen aún, su disco Certi angoli segreti), y el bis: una bonita versión de Poinciana en la que intervino el público, tarareando.

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