Cultura

Problemas del marco incomparable

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Antes que nada, hay que felicitar a un público capaz de aguantar una hora a pie quieto en la calle y sin quejarse por el notable retraso en el inicio del esperado concierto de la OBS con Gustav Leonhardt. Habría que plantearse para otras ediciones de este festival la conveniencia de buscar espacios con mejor acústica y sin los impedimentos que supone utilizar los templos en estas fechas tan cercanas a la Semana Santa.

La situación de la OBS en el crucero de la Magdalena, bajo la alta cúpula, no sirvió precisamente para que brillase el reconocido empaste y el reconocible sonido de la agrupación. Al contrario, en las piezas de Muffat y en las dos primeras de Bach la cuerda sonó desabrida, sin calor, mientras que los oboes, situados muy atrás al principio, tuvieron más de un problema para empastar entre sí y con la orquesta.

Gustav Leonhardt, sin moverse un centímetro de sus presupuestos interpretativos desde hace medio siglo, abordó el concierto de Muffat y las dos sinfonías de cantatas bachianas desde la serenidad, la huída de los contrastes dinámicos y una cierta inexpresividad, más acuciante en la Borea de Muffat. Guillermo Peñalver vio lastrada su estupenda interpretación en la BWV 209 por el tiempo cansino y monótono del director, haciéndole alargar en demasía algunas frases. Más movido estuvo el triple concierto BWV 1064, donde se lució Leo Rossi en su brillante solo del tercer movimiento y en el que chocó el sonido oscuro y poco agraciado del violín de Mira Glodeanu.

Pero Leonhardt y la OBS volvieron a la vida con Rameau: sonido denso y rico del grupo, fraseo delicado (Menuets) y la energía en los ataques (Tambourine).

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