Retablos de la vida diaria

  • Rorro Berjano presenta en Delimbo la exposición 'Santos, difuntos, dieux et fétiches', fruto de su fascinación por la pintura religiosa y el arte espiritual

Hace seis años, en New gods, new retables, su anterior exposición individual, la fascinación de Rorro Berjano por "la pintura religiosa y el imaginario de lo espiritual, lo mágico y lo no evidente" lo llevó a recrear su devocionario particular y profano en forma de fetiches, exvotos, iconos -un elemento "constante" en su obra- y símbolos a los que confería un significado nuevo, ya fuera real o inventado. Santos, difuntos, dieux et fétiches, la muestra que inauguró el artista extremeño (Don Benito, 1979) el jueves y que podrá verse en la galería Delimbo hasta el próximo 10 de septiembre, está íntimamente relacionada con aquellos trabajos, hasta el punto de que como él mismo admite "hay piezas de este proyecto que podrían ser de New gods, new retables".

"Toda mi obra trata de la vida diaria, del barrio, de lo popular, lo folclórico, lo social, lo político, la vida urbana, la naturaleza, la espiritualidad, el arte, la música... Y estas dos exposiciones en particular hablan de lo social, de iconos de masas, de la sociedad materialista, de cómo en ella los iconos permanecen y evolucionan", dice Berjano, una de cuyas obras presentes en la exposición es particularmente elocuente en su reflexión implícita sobre el agotamiento y la decadencia de la sociedad de consumo: un Cristo entre luces de neón y con el cuerpo cubierto por anuncios y logos de conocidas empresas internacionales. "No hay ninguna intención de violentar a nadie. Sinceramente, ni siquiera me planteo que pueda haber lugar para la polémica. Creo que hay que ser muy retrógrado e ignorante para sentirse ofendido por lo que yo estoy realmente planteando. Además, hoy día el escándalo es algo venido a menos, es decir, lo que vemos en la vida diaria sí que es un verdadero escándalo. Por eso no creo en el escándalo. Existen los escandalizados", dice.

La exposición, entre la bitácora personal y el compendio de su imaginario apócrifo, se articula en un magma que se nutre lo mismo de la cosmogonía afrocubana que del graffiti. Berjano, en efecto, es uno de esos artistas a los que en su momento se le puso la "etiqueta" -él mismo usa ese término- de artista urbano, y todavía anda forcejeando con ella. "Mi contacto con el graffiti fue muy prematuro, de hecho empecé a pintar en la calle en 1994, con apenas 14 años. A pesar de haberme criado en el estudio de un artista, fue mi primer contacto con la pintura. Nunca fui muy creativo, era más bien lo clásico de esa edad: me juntaba con gente en la calle que se divertía así y comecé a hacerlo yo también. A los 16 entré en la escuela de arte y descubrí que todo aquello me gustaba, sobre todo la pintura, y desde entonces ya no he parado. Yo realmente soy un artista de taller, tampoco es que me moleste que me ubiquen en el graffiti pero la cuestión es que esa definición no se ajusta a la realidad", explica.

"Mis gustos son extensos, podría dar muchas referencias, la más directa de todas Picasso pero también Basquiat o Kerry James Marshall, aunque sobre todo tengo claro que vengo del expresionismo abstracto. Me interesan muchísimo también el arte tribal, el arte outsider, el bad painting, los pintores populares y la pintura de la cultura afro, que es algo, esto último, muy presente en mi estética. Por otro lado, la música es otra inspiración crucial. John Coltrane, por ejemplo, es tan importante para mí, personalmente, como para mi obra", explica Berjano. Son pistas para recorrer las numerosas obras que presenta en la galería sevillana, un conjunto que reúne pinturas, esculturas y cerámicas de colorido sincretismo y que, al igual que su proceso de creación, tiene un aire "anárquico".

"Siempre me he movido en la pintura, trabajando con materiales poco convencionales aunque atento al modo en que se emplean tradicionalmente: los utilizo, pero tratando de darle una vuelta de tuerca", explica Berjano sobre su proceso de trabajo, en el que los hallazgos inesperados de la intuición o el azar son fundamentales. "Por eso me gusta pintar sobre objetos encontrados, no sólo reciclados. El mero soporte me genera la idea que acabo plasmando, y eso es algo que me aporta un punto perturbador, sorprendente y divertido en el proceso. Por la misma razón nunca empiezo una pieza y la termino; las empiezo todas a la vez y de ese impulso va surgiendo una conversación entre ellas. Esa incertidumbre de cómo terminarán siendo las piezas me permite, entre otras cosas, huir del aburrimiento. Porque el día que me aburra, dejaré de hacerlo".

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios