Romance otoñal con Viagra

En una de las escenas centrales de Desacuerdo perfecto, el veterano director de cine francés Louis Ruinard que encarna Jean Rochefort va a recibir un premio a su carrera de manos de su anfitrión británico (Charles Dance). Éste alaba su contribución al séptimo arte reivindicando su vocación de director de películas (francesas) para el gran público (¡!), nada de pretencioso cine de autor al estilo Godard (frase literal) que espanta al público de las salas.

Con las cartas encima de la mesa, Antoine de Caunes (Monsieur N.) resume en esta escena las inquietudes artesanales y la vocación comercial de su película y, de camino, del cine francés que, suponemos, más le interesa, un cine sin pretensiones intelectuales y para el gran público, suponemos también que el de siempre (¿?).

Bastaría esta escena para resumir el espíritu de esta artrítica comedia romántica y crepuscular que reivindica la nostalgia y el academicismo como principales armas estéticas. La nostalgia por ese cine de antes, elegante y sofisticado, basado en los personajes, las estrellas y el diseño de producción, y también por las historias de siempre, a saber, aquellas en las que el amor está en el aire.

Desacuerdo perfecto reúne a dos viejas glorias del cine europeo de los 60 y 70, Jean Rochefort y Charlotte Rampling, dispuestas a autoparodiarse (y cómo) a través de sus personajes, director y actriz-musa-esposa que, tras 30 años de separación, vuelven a reencontrarse en Inglaterra para reverdecer viejas rencillas y un poco de amor pendiente. Tanto uno como otra asumen su condición de clichés cómicos y despliegan un histrionismo a prueba de sutilezas. La clave aquí es asistir a esta guerra de los sexos, un poco ajados ya por los años, que se adivina romántica a la primera de cambio. Por el camino, De Caunes se permite alguna escena cómica a propósito de las diferencias franco-británicas y también a costa de un perro que se come una pastilla de Viagra por equivocación. Visto el resultado y el (escaso) nivel de entretenimiento popular, seguimos reafirmándonos en nuestra necesidad de volver una vez más a Godard.

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