Salgot, a su manera

Cinco películas en 30 años avalan la guadianesca y desconcertante carrera cinematográfica de José Antonio Salgot, director de aquella freudiana Mater amatísima (1980) con la que algunos descubrieron a Victoria Abril entre melodías sintéticas de Vangelis, del policíaco Estación Central (1989) y de la menos afortunada Dama de Porto Pim (2001), acartonado melodrama de época ambientado en las postrimerías de la II Guerra Mundial.

Este nuevo regreso nos trae, inopinadamente, a un Salgot que se quiere rabiosamente moderno y contemporáneo a toda costa, a un director pretencioso que, por momentos, quisiera pasar por ser el Michael Mann catalán retratando la noche barcelonesa a golpe de efectos o texturas visuales y al son de las canciones marcianas de Antònia Font.

My way quiere contar, a su manera, una historia familiar imbricada con el mundo de la delincuencia, el alzheimer, la responsabilidad y la violencia de la vida cotidiana en la gran ciudad. Semejante y cargante batiburrillo, forzado con calzador en un guión que se quiere modernillo por desestructurado y no lineal (pero que lo repite todo dos veces para que no nos perdamos en el intento), no empasta nunca en la pantalla por obra y gracia de los excesos y las ínfulas autoriales de Salgot, empeñado en impregnarlo todo de un aire trascendente y artístico que, en el mejor de los casos, no pasa de un trillado estilo videoclip, y demostrando muy poca pericia para controlar a un elenco que, en catalán u horriblemente doblado al castellano, y siempre con el insulto o el grito en la boca, va más pasado de revoluciones que un coche subiendo cuestas en quinta.

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