Crítica cine

Sólida y bien rodada historia de venganza

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Al límite. EEUU, 2010, Thriller, 126 min. Dirección: Martin Campbell. Intérpretes: Mel Gibson, Ray Winstone, Danny Huston, Shawn Roberts, Peter Hermann, Caterina Scorsone, Frank Grillo, Gbenga Akinnagbe, Jay O. Sanders, Bojana Novakovic. Guión: Andrew Bovell, William Monahan. Música: John Corigliano. Fotografía: Phil Meheux. Cines: Ábaco, Al-Ándalus Bormujos, Arcos, Cineápolis, Cineápolis Montequinto, Cinesa Plaza de Armas 3D, CineZona, Los Alcores, Metromar, Nervión Plaza.

Buen arranque: un padre espera a su hija, que va a pasar unos días con él; la lleva a casa; mientras le prepara la cena la hija se encuentra mal; salen hacia un hospital; en la puerta de su casa la matan de un disparo; fundido en negro. Tras el asesinato el padre, que naturalmente es un policía, se hace preguntas: ¿Por qué vomitaba? ¿Por qué sangraba por la nariz? ¿Por qué llevaba una pistola? ¿Qué relación hay entre su malestar, el arma y el asesinato? ¿Qué le ha dañado la salud? ¿Quién la amenazaba? ¿De qué tenía que defenderse? El espectador, por su lado, se pregunta si la película logrará mantener la tensión que su inicio promete. Afortunadamente lo consigue. Y además sin descuidar detalles de buena narración (Gibson observando, al lavarse tras el crimen, como con el agua se lleva por el sumidero la última huella de su hija en él: la sangre que le salpicó cuando la mataron; el último beso en el depósito de cadáveres) y con una cuidada realización, especialmente en lo que a la planificación y la dirección fotográfica se refiere.

El neozelandés Martin Campbell, capaz de dar una de cal (Golden Eye, Casino Royale) y una de arena (La máscara del Zorro, Beyond Borders), es un realizador artesanal que en este caso se ha esmerado al tratar un material que conoce de sobras: la película se basa en un serial televisivo de seis episodios que él mismo dirigió para la BBC en 1985. Con esta película ha logrado la que, junto a los dos Bond aunque en un registro muy distinto, tal vez sea lo mejor que ha rodado. Un avance que podría hacer pensar, si siguiera por este camino, en un positivo giro en su carrera.

Frente los lógicos excesos de 007 y al gratuito efectismo -y humor poco logrado- de sus dos películas sobre El Zorro, en esta ocasión ha elaborado un discurso visualmente riguroso, eficazmente sobrio y convincentemente dramático. Se toma su tiempo para contar las cosas, exprime los planos cuidadosamente encuadrados para realzar el dramatismo o la tensión, filma muy bien las largas -pero no pesadas- escenas dialogadas e integra sin desequilibrios los grandes trabajos del veterano Phil Meheux (severa dirección fotográfica), del también experimentado Stuart Baird (preciso, seco, admirable montaje del que fue editor de Ken Russell, Peter Hyams o Richard Donner) y del maestro Howard Shore, sin lugar a dudas el mejor compositor cinematográfico de su generación.

Si a ello se añade una intensa interpretación de Mel Gibson -un buen actor cuando le sujetan fuertemente las riendas- componiendo el tipo del vengador imparable e implacable para el que, tras la muerte de su hija, la suya sería una liberación y un sólido elenco de secundarios (espléndido solo de Jay O. Sanders en la escena de conversación en la cocina), se logra una convincente, seria y muy bien rodada película de intriga a la que se le pueden perdonar algunos arabescos conspiratorios y hasta su final, incomprensible blandenguería en este sobrio ejercicio de buen cine comercial.

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