Tomate en Sevilla

La noticia es esa: uno de nuestros músicos más conocidos en el mundo está de vuelta en nuestra ciudad. Y llega con un nuevo formato. Porque el repertorio no es desconocido, el que conforman sus últimas entregas discográficas, incluidas las dos que firma junto a Michel Camilo. La novedad es el formato: Tomate ha eliminado el bajo y la mandola, con lo que el protagonismo melódico lo acapara casi en su totalidad la guitarra. También ha ampliado el número de cantaores, de uno a dos. Y, la gran novedad, el baile.

En primer lugar la guitarra: hasta tres temas propone y expone Tomatito en solitario. Primero la rondeña que abre el recital. Tiene José la humildad de interpretar uno de los temas más versioneados del flamenco instrumental, la rondeña de Montoya. Eso sí, a su personal manera. Con pasajes directos y otros de cosecha propia. También la taranta solo ante el peligro. Uno de sus estilos bandera, el propio de su tierra. Una composición mineral, sobria, depurada y bronca, brillante y abrupta. El tango porteño lo inició con soleá, para luego afiliarse al estricto ritmo bailable porteño con la percusión de Losada.

Las armonías viriles y directas. Tomate es brillante siendo intimista, siendo reservado, siendo crudo. Tomate seduce por la sinceridad de su propuesta, por la honestidad que pone en cada nota. Es de agradecer que no dé ninguna de más, de menos. Su música es brusca, áspera, y sin embargo entra con facilidad. Es la verdad de la tierra. Se completó a las mil maravillas con las voces camaroneras que tanto admira. Simón y Morenito son dignos sucesores de una silla que han ocupado, entre otros, El Potito y un señor llamado Camarón. Simón por fuerza, convicción, valentía y juventud. Morenito por experiencia y elegancia. Virtuosismo rítmico y timbres privilegiados que protagonizaron la parte final a ritmo de tangos y bulerías. Antes habían sonado estos mismos estilos en su versión puramente instrumental, y unas alegrías bailables llenas de sabor, con un rasgueo delicioso.

Después del duelo vocal por bulerías pensé que se había acabado la noche. Pero no era así. ¿Quién podía superar tal entrega, tal intensidad? El as que tenía Tomate escondido era el baile de un Felipe Maya que hasta entonces habría pasado por palmero. El bailaor se entregó en un baile electrizado que puso al público en pie.

La noticia es esa: que uno de nuestros músicos más conocidos en el mundo ha vuelto a nuestra ciudad. Claro que yo, como La Bruyère, opino que el mundo es suficientemente conocido y que ha llegado la hora de descubrir la provincia.

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