Tratado del amor a la música

En el subtítulo de este nuevo trabajo de Ramón Andrés (El nacimiento de la música en la cultura) queda recogido a la perfección el espíritu de la obra, que parece partir del punto en que el arqueólogo Steven Mithen dejó su interesantísimo estudio sobre el origen común de música y lenguaje: ¿cuándo comienza realmente la música? A esta pregunta, el escritor navarro responde con más de 500 páginas de fascinante recorrido por la Prehistoria y la Edad Antigua, en el que, partiendo de la realidad física ("La música tiene su origen en el cuerpo humano"), ve a la música como una forma de conocimiento que conectaría con una realidad metafísica, marcada desde sus inicios por la confluencia entre magia, religión, medicina, matemáticas y cosmología. Aunque el intento de colar de rondón la metafísica en la ciencia astronómica del siglo XXI con alguna referencia descontextualizada (como la alusión a la teoría del universo inflacionario de Andrei Linde) resulta poco convicente y a pesar de que los dos primeros capítulos puedan hacerse, por el derroche de erudición, algo farragosos, este trabajo es no sólo un admirable estudio sobre las reflexiones y prácticas musicales antiguas, de los pueblos prehistóricos a la Grecia clásica, sino también un ejercicio de amor incondicional por el arte de los sonidos, que acaba funcionando casi como respuesta (necesaria) al nihilista Pascal Quignard de El odio a la música.

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