Valdivieso rescata la historia del 'San Antonio' de Zurbarán en los Descalzos

  • El catedrático recorre la azarosa biografía del lienzo que ocupó un retablo en la actual iglesia de San José · En menor medida que las obras de Murillo, la pintura zurbaranesca también sufrió el expolio francés

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En la Sevilla de principios del XVII en la que convivían 37 conventos, Francisco de Zurbarán (Fuente de Cantos, Extremadura 1598 - Madrid, 1664) fue uno de los pintores más requeridos por las distintas órdenes religiosas para trasladar al arte el espíritu de penitencia y oración que promovió la Contrarreforma. En 1626 se le encargaron las pinturas del claustro y la sacristía del convento de San Pablo; en 1628, realizó varios óleos para el claustro de la Merced Calzada, actual Museo de Bellas Artes y, a partir de esa fecha, el maestro extremeño se convirtió en uno de los más ilustres de la escuela sevillana.

En 1636, Zurbarán se encontraba en su plenitud creativa y el convento de la congregación de la Merced Descalza de Sevilla se levantaba en lo que hoy es la iglesia de San José, en el eje de la Judería y Santa Cruz y encomendada a la prelatura del Opus Dei desde 1967. Los mercedarios descalzos le encomendaron, entre otras imágenes, las pinturas de San Lorenzo y, para el altar del extremo opuesto del crucero, otra de San Antonio Abad. Pronto, ante la estampa de este anciano se congregaron muchos devotos para suplicar al santo remedio para sus males por su fama de santo milagrero y por tenerse como curandero sobrenatural de numerosas enfermedades. Así lo relata el catedrático de Historia del Arte Enrique Valdivieso en su última publicación, San Antonio Abad. Francisco de Zurbarán, una monografía editada por el sello OHL sobre este lienzo que hoy pertenece a los fondos artísticos del Grupo Villar Mir. "Su pintura triunfa siempre a través de la sencillez y la espiritualidad", explica Valdivieso de la obra de un artista del que comisarió una antológica en el Museo de Sevilla en 1998.

Fue en esta fecha en la que se pudieron contemplar reunidos ejemplos del talento de Zurbarán, cuya obra, en menor medida que la de Murillo, también sufrió el expolio francés en 1810, y hoy está repartida por el mundo. El San Antonio Abad es un claro ejemplo del azaroso recorrido de los óleos que salieron impunemente de Sevilla. Una vez descartado el propósito de formar un museo en París dedicado a Napoleón, el cuadro fue expuesto junto con otras 150 obras procedentes en su mayoría de Sevilla en la mansión parisina del mariscal Soult, nombrado por el emperador gobernador general de Andalucía. Muerto el mariscal en 1851 y tras una primera subasta fallida del cuadro por parte de sus herederos, el San Antonio Abad fue vendido a un aristócrata francés por 7.100 francos en 1867. A partir de entonces, inició un agitado periplo por diferentes colecciones hasta regresar a España en 1953. El barón bilbaíno Félix Valdés, la galería barcelonesa Barbié-Saldaña, la colección del desaparecido diplomático sevillano Prado Colón de Carvajal y, desde 1997, el Grupo Villar Mir ha sido el ulterior poseedor en nuestro país de una pintura que se desligó para siempre del programa iconográfico del convento de la Merced Descalza.

Es también el caso del San Lorenzo, que hoy conserva el Ermitage de San Petersburgo o de otros cuadros, que según las investigaciones de varios estudiosos y del propio Valdivieso, se han identificado como obras originarias de este templo, como la Santa Lucía, del Museo de Bellas Artes, de Chartres; Santa Apolonia, atesorada en el Louvre parisino y Entierro de Santa Catalina, en la Alte Pinakothek de Múnich. También figuran los lienzos La Virgen de la Merced entregando el hábito de la Orden a San Pedro Nolasco; Los ángeles trasladando a San Pedro Nolasco y la Aparición de San Ramón Nonato a la madre de un niño, pertenecientes a varias colecciones privadas. Pocas certezas llegan del paradero de otras decenas de pinturas que poseyó este convento sevillano del que hoy nada queda allí.

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