Variedad expresiva y maestría técnica

Como he expresado en ocasiones anteriores y como dicen las estupendas notas al programa, la madurez artística de un intérprete se mide también por la calidad y el interés de los programas que diseña. En este sentido, Julia Fischer se merece la máxima calificación, porque hace tiempo que no asistía a un programa tan atractivo, original, atrayente y satisfactorio.

Si a ello le añadimos la incomensurabilidad de la capacidad interpretativa de la joven alemana, se justifican con creces las cinco estrellas. Con obras que iban del Barroco al Impresionismo, supo encontrar la justa medida del sonido y de la articulación de cada una, desde el poco legato y el escaso vibrato de Bach al sonido más ampuloso y vibrante de Debussy o Mendelssohn. El sonido es cálido y poderoso, de una limpieza absoluta y de una afinación inmarcesible. En Schubert desplegó su arsenal de matices y acentos, y en la sonata a solo de Bach asombró con la manera de hacer sonar las tres voces de la fuga. Y, ¿qué decir de la exhibición técnica final? Sin palabras.

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