Crítica de Flamenco

¡Vivan las Tres Mil!

Diego Amador, anoche, en un momento del concierto de inauguración de la Factoría Cultural. Diego Amador, anoche, en un momento del concierto de inauguración de la Factoría Cultural.

Diego Amador, anoche, en un momento del concierto de inauguración de la Factoría Cultural. / víctor rodríguez

Fue una noche de mucha emoción pues algunas de las músicas que sonaron, y desde luego el concepto de las mismas, el alma de Diego Amador como músico, se forjó en estas calles, bebió de esta fuente. Más que la retumbante rumba Soy de las Tres Mil, que da título a su último álbum, y que el público jaleó entregado, me refiero a los aires de seguiriyas que abrieron el espectáculo o las frenéticas bulerías que lo cerraron. Es decir, el Diego Amador pianista, un teclista percusivo que se nutre del jazz y del funk, pero que es tremendamente personal, inequívocamente flamenco.

Muchas de estas falsetas nacieron por estos lares. Ya que se trataba de inaugurar un nuevo espacio escénico, la Factoría Cultural, el primero que se abre en el Polígono Sur. Diego Amador mostró todas sus facetas como músico: tocó el piano, los teclados, la guitarra. Y cantó. Cantó por martinetes y livianas en la pieza misteriosa que abrió la noche. Luego se acompañó la Canastera de Camarón con gusto para cerrar esta primera parte al piano con un instrumental. Más tarde cantó a guitarra acompañado por el sonido Caño Roto de Jesús del Rosario y Carlos de la Jacoba. El sevillano presentó esta parte del concierto como un homenaje a Camarón y sonaron cantiñas, tangos, bulerías y rumbas, sobre todo de la última etapa del cantaor isleño.

La transición hacia la recta final corrió a cargo de un tema mítico de Camarón, La leyenda del tiempo, en la que Amador ofreció un deslumbrante solo con el piano eléctrico, puro funk de los setenta. Uno de los grandes momentos del recital. Después vino la rumba mencionada que, como digo, pese a su título, se ha cocinado en Miami. Y el largo instrumental final en el que los percusionistas tuvieron ocasión de lucirse y en el que Diego Amador, tocando con los macillos directamente sobre las cuerdas del piano, ofreció un mano a mano con el batería que hizo las delicias del público que llenaba la sala, y que estuvo muy expresivo toda la velada.

Una noche de mucha emoción en la que, desafortunadamente, el sonido no acompañó. Queda así inaugurado este equipamento municipal para un barrio en el que hay un enorme potencial artístico del que Amador es un buen ejemplo. El concierto sirvió también como colofón a la jornada que llevó a cabo ayer en Sevilla el Instituto Europeo Gitano para las Artes y la Cultura.

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