Flamenco

El arte de seducir según Pagés

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Los espectáculos de María Pagés siempre son algo menos de lo que parecen. Quiero decir que la sevillana es una gran vendedora y una gran seductora. Con su puntito intelectual, o pseudointelectual: no todo el mundo puede permitirse el lujo de iniciar sus obras con un recitado de un premio Nobel de Literatura diciendo su propia obra. Y es que las Divinas palabras a las que hace referencia el título no son las de Valle, como algún incauto pensaba, sino las de Saramago (el único poeta que figura en el programa de mano), Antonio Machado, el inevitable Lorca o el inefable Atahualpa Yupanqui. Algunas de las más divinas palabras dichas y escritas en la pasada centuria. Poesía divina.

El espectáculo, como otros de Pagés de este estilo (de pequeño formato, en cuanto a duración, músicos, escenografía, iluminación y demás recursos, en comparación con sus propuestas más ambiciosas), se arma con fragmentos de sus últimos estrenos (Canciones, antes de una guerra, Sevilla), que encajan a la perfección en este puzzle donde todo esta medido, depurado, esterilizado. Atado y bien atado. Coreografía, música, luces, vestuario, atrezzo ... Todo muy bonito. Y de limitada profundidad. El drama no existe en el cuerpo de Pagés (su preguerra del espectáculo Canciones .. es la más divertida que se ha visto en un escenario) y tiene una habilidad única para desposeer a la soleá (que escuchamos y vimos hasta en cuatro ocasiones anoche) de su esencia. Ni siquiera la voz telúrica de Tomás Pavón por debla saca el dolor del cuerpo de la bailaora. Porque lo suyo es curva, estímulo del deseo, apariencia más que íntima contienda. Su mejor recurso es sin duda sacar el máximo partido de sus recursos: de su cuerpo extrañamente armónico, de sus curvas, de sus extremidades infinitas. De su cuerpo de baile. Pagés, simplemente, maneja el lenguaje que se necesita para componer movimientos para un grupo de intérpretes. Eso sí, sin algunos de sus adornos característicos, la compañía luce menos. Sin unas buenas luces, un escenario amplio, escenografía, la habitual música ajena enlatada y la dirección escénica, sus obras se ven disminuidas considerablemente. En los últimos tiempos además ha atenuado uno de sus elementos estrella, el humor.

La voz de Ana Ramón es de lo más emocionante que tiene esta obra, desde el principio, en el arreglo por bolero-bulería del poema de Saramago, ofreciéndose también mano a mano por martinetes con Ismael de la Rosa. Dos voces complementarias y perfectamente depuradas. Como las guitarras, finamente equilibradas entre el academicismo y la anarquía controlada, de Isaac Muñoz y Fiti. El cuerpo de baile luce como pocos en el panorama flamenco contemporáneo, merced a unas cuidadas coreografías, y al respeto necesario a este elemento, más infrecuente de lo que nos gustaría (en este sentido la militancia de la Pagés en la compañía de Gades ejerció sin duda su influencia). Porque la sucesión de números individuales y de grupo es toda naturalidad y coherencia. Pagés exprime hasta el máximo su baile y es entonces cuando el grupo toma el relevo. Ello significa disciplina, trabajo, habilidad e inteligencia.

Esta habilidad de explotar al máximo los recursos es al mismo tiempo uno de los problemas de Pagés: el hacer de sus limitaciones virtud implica jugar siempre al máximo y en ocasiones, como anoche, la reiteración hace acto de presencia. Alargar hasta más allá de lo posible un recurso es de lo más temible que puede ocurrir en un escenario. Ocurrió en más de una ocasión, hasta el punto de que un espectáculo de poco más de una hora resultó largo. Claro que a ello colaboró el hecho de que se iniciara con 13 minutos de retraso sobre la hora prevista, como suele ser habitual en los últimos tiempos en este ciclo.

Este problema se ve amplificado por la falta de una idea unificadora más o menos original (y su correspondiente guión), lo que hace que los espectáculos de Pagés que he llamado antes más ambiciosos soporten los 90 minutos sin problemas, y que sin embargo éste, que es un puzzle de otros, no se aguante los 70 que dura.

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