El cante, un asunto de mujeres

¿Escribiré algún día la historia del flamenco en Jaén? ¿O la de los nietos de los jornaleros encarcelados por el franquismo? Estoy de acuerdo con la tesis principal de esta obra: la mujer ha estado marginada en el flamenco. Ustedes dirán, "claro, esto es una perogrullada". En efecto. No lo es tanto si se añade, y esto es un añadido mío, no de la obra, que de hecho en el flamenco, por el plus de libertad que da el ejercicio artístico, la marginación fue menor que en otros ámbitos sociales de nuestro entorno.

La teoría de género (escuela del resentimiento que la llamó nuestro maestro Harold Bloom) ha llegado al flamenco. Sólo que, como en otros casos, la teoría se impone en más de una ocasión a la realidad de los hechos. Por eso tengo que decir que es radicalmente falso lo que afirma Chuse de que "poco nombres femeninos se conocen en esta época", refiriéndose al flamenco de los años 20 y 30. Cuando estalló la guerra civil las dos compañías de cante más importantes que había en España, en la que militaban hombres tan imporantes como Canalejas de Puerto Real, Juanito Valderramama, Pepe Pinto o Antonio de la Calzá, eran las de la Niña de la Puebla y la Niña de los Peines. Por no hablar del baile: La Argentinita, La Argentina, etcétera. Y si no falsas, al menos controvertidas son tesis como que el franquismo potenció el desarrollo de las peñas flamencas como ámbitos masculinos, y otras contenidas en esta obra.

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