El catálogo de los horrores, parte II

  • Don Winslow vuelve al México salvaje de 'El poder del perro' en 'El cártel', novela en la que traza una historia del narcotráfico a escala internacional en los últimos quince años.

EL CÁRTEL. Don Winslow. Trad. Efrén del Valle. RBA/Serie Negra. Barcelona, 2015. 700 páginas. 19 euros.

Una de las ventajas de trabajar en un periódico es que uno puede enterarse casi de cualquier cosa que pase en el mundo con una simple conexión a un servicio de agencias de prensa. Cada noche, entre las ocho y las nueve, empiezan a aparecer en el servidor teletipos de México. Los de los últimos días hablan del cerco del Ejército y la Policía al Chapo Guzmán, el narcotraficante más buscado del mundo, álter ego del Adán Barrera que protagoniza El cártel, la novela con la que Don Winslow (Nueva York, 1953) ha ganado el Premio RBA de Novela Negra. Otras noticias hablan de que han aparecido cadáveres colgados de un puente, con alguna pancarta de amenaza o advertencia firmada por los autores de la matanza. O que se han encontrado cuerpos sin cabeza en el desierto. O que Ciudad Juárez resulta que es ahora una de las ciudades con menos homicidios del mundo, por la sencilla razón de que todos los que podían morir ya están muertos.

Winslow ha vuelto a ese México salvaje, el territorio que ya exploró hace unos años en la magnífica El poder del perro (Roja y Negra, 2009). El cártel puede leerse por separado, pero tiene más sentido si se empieza por el principio. Y el principio es aquella novela en la que Winslow trazó miles de historias del narcotráfico mexicano para hacer, con una obra de ficción, el mejor retrato de lo que sucedía en aquel país a finales de la década pasada. El cártel tiene algunas diferencias con su predecesora, pero está escrita con la misma rabia, con el mismo ritmo que hace al lector leer y leer hasta que se le cierren los ojos y la cabeza se le caiga sobre el libro. O le entre una tendinitis al sostenerlo con una mano durante tantas horas, que 700 páginas pesan lo suyo. Pese a su volumen, El cártel es un libro que no debe durar más de una semana a quien lo empiece, porque difícilmente no lo devorará. Esa capacidad de adicción la comparte con su hermana mayor.

Pero las diferencias son las propias de la evolución del narcotráfico en México. Antes había enfrentamientos entre enemigos, los cárteles mataban a un tipo y lo colgaban de la plaza de un pueblo para que todo el mundo supiera que era un traidor o un soplón. Ahora los cárteles tienen verdaderos ejércitos capaces de enfrentarse al Gobierno federal y de echarle un pulso a éste, al que no le queda más remedio que pactar y que buscar ayuda en su vecino de arriba.

Y ahí aparece el yanqui ("pochingo", le llegan a llamar en el libro, que es mitad pocho, mitad gringo) de Art Keller, el agente de la DEA que lleva 30 años obsesionado con matar al señor de la droga Adán Barrera. O al Chapo Guzmán, si se prefiere. Winslow vuelve a morder al lector y a llevarlo por toda Centroamérica, EEUU y hasta Europa detrás de los narcos mexicanos. Ríanse de la Mafia siciliana, de la Camorra napolitana o de cualquier grupo terrorista europeo, unos aficionados comparados con los Zetas o sus archienemigos del cártel de Sinaloa.

El lector asistirá a un catálogo de ejecuciones a cual más bestia, se encariñará con personajes que sabe que tienen menos posibilidades de acabar la novela con vida que el Cádiz de seguir adelante en la Copa del Rey, conocerá la vida y milagros de tipos duros que se han ido haciendo a sí mismos a base de matar gente (torturándola antes, a ser posible) o las interesantísimas relaciones familiares que se tejen dentro de un cártel, los papeles que juegan las mujeres y las amantes de los narcos o las extrañísimas asociaciones que un enemigo común obliga a hacer de vez en cuando entre dos tipos que se odian a muerte y sólo desean ver al otro con dos balazos en la frente.

El cártel es un libro de ficción, sí, pero si le cambiasen los nombres podría tratarse de un gran reportaje o ensayo sobre el tráfico de drogas a gran escala. En ese sentido, está bastante emparentado con Cero Cero Cero, la obra en la que Roberto Saviano desgranó el papel predominante de la cocaína en el mundo. Winslow se ha pasado cinco años estudiando, leyendo periódicos, viendo vídeos, entrevistando a personas y consultando todo el material que caía en sus manos sobre el mundo del narcotráfico.

Al final hace referencia a varios blogs que tratan a diario la información de este asunto que los diarios tradicionales mexicanos parece que se han ido negando a contar. Todo ese derrumbe del oficio de periodista también está en el libro. Y no es algo exclusivo de México, aunque en este país se agrava por la presión de los cárteles y los sobornos. Uno lee hasta dónde están infiltrados los traficantes y hasta dónde llega su influencia y no da crédito, hasta que se pone a buscar en internet y ve, por ejemplo, cómo fue la fuga del Chapo Guzmán, y piensa que, una vez más, la realidad supera a la ficción. El cártel viene, además, con una edición golosísima, con una cubierta negra bajo la cual hay unas tapas llenas de impactos de bala. Detalles que suman.

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