Un coleccionista madrileño compra el lienzo de Zurbarán por 350.000 euros

  • El cuadro, pieza estrella de la subasta de Arte, Información y Gestión, fue adquirido por el precio de salida · El anticuario Antonio Gil hijo se felicitó por la venta de una obra que durante cinco siglos permaneció en Sevilla

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La paleta 108 se llevó la obra estrella de la subasta de primavera de Arte, Información y Gestión (AIG), perteneciente a la Corporación Cajasol. Por tanto: reto conseguido y éxito para los organizadores que, con esta histórica venta de un cuadro por 350.000 euros, se apuntan un (nuevo) tanto en el disputado mundo de las subastas de arte. El lienzo Beato Tomás de Zumárraga de Francisco de Zurbarán encontró comprador, a su precio de salida, en un coleccionista madrileño que ofreció su oferta por teléfono en una subasta que, sin duda, con esta obra alcanzó el momento de mayor emoción de la tarde. El anticuario sevillano Antonio Gil hijo, presente en la sala, fue el exultante representante de este cuadro cuyo motivo es toda una rareza en el mundo de la pintura. El Beato Tomás de Zumárraga, fechado entre 1630 y 1635, es una iconografía inédita ya que no han perdurado otros retratos de este santo y, como defiende Enrique Valdivieso, pertenece a una serie realizada por el maestro extremeño para el colegio de Santo Tomás de Aquino de Sevilla. El cuadro ha estado hasta ahora en manos particulares, siempre en Sevilla, y su autenticidad está sobradamente acreditada. No en vano, el catedrático Valdivieso, uno de los mayores expertos en la producción pictórica del artista de Fuente de Cantos, respaldó con su presencia esta convocatoria y felicitó por esta venta con un apretón de manos al heredero de este negocio de antiguedades de la plaza de la Alfalfa que actuó de intermediario.

Pero no sólo esta importante pieza encontró comprador en una subasta que ha sido seguida con gran interés por teléfono en detrimento de una sala con pocas ganas de subir paletas y que sólo durante la puja de pintura barroca se encontró a rebosar. En cifras, AIG ofrecía 655 lotes por un total de 2.323.000 euros, de los que 238 correspondían a joyas (por un valor de 764.000 euros) y 417 lotes a pintura por un importe de 1.558.000 euros. El resultado de la venta representa aproximadamente un 40% del total y unos 740.000 euros, una cifra ligeramente inferior a la obtenida en la anterior convocatoria, que fue de 800.000 euros. Los datos, no obstante, son "bastante buenos" para los organizadores que declararon estar "muy contentos". Según estas mismas fuentes, ninguna administración pública ha ejercido derecho de tanteo sobre ninguna de las obras a puja. Una corporación que sí ha querido engrosar su patrimonio artístico ha sido la propia Cajasol. A través de un comunicado posterior a la subasta, la entidad anunció la compra por su precio de salida, 36.000 euros, del lienzo Patio de caballos de la plaza de toros de Sevilla de Phillip Villamil, un ejemplo de gran belleza de la pintura del XIX.

También de este periodo artístico cabe destacar la venta del García Rodríguez Paisaje del río con Sevilla al fondo, en 15.000 euros, así como Escena del Quijote, vendido en 18.000 euros, de Jiménez Aranda, un autor del que la sala dejo pasar una de las piezas más valoradas de la cita, El crítico, que partía con un precio de salida de 42.000 euros. Sí encontraron dueño el Retrato de dos niñas de Antonio María Esquivel que se remató por 10.000 euros, mil más del precio de salida y Una elegante de 1900 de José Villegas Cordero, adquirido en sala por 7.500 euros.

Lamentablemente, quedó sin comprador la segunda pieza más cara de la subasta, 90.000 euros, el Anónimo del siglo XVIII que representa una procesión con el desaparecido Santo Crucifijo de San Agustín ante el Ayuntamiento de Sevilla y que atesora un particular neoyorquino. De la pintura del XIX, quedaron sin comprador obras de maestros sevillanos como Cabral Bejarano y Sánchez Perrier.

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