Las confesiones del amigo inglés

La interesantísima serie Noche Española, dirigida por el editor de Almuzara David González Romero, que con excelentes intuición y criterio ha rescatado títulos de Max Nordeau, Mario Praz o Maurice Barrès, vuelve a regalarnos otra de esas obras casi desconocidas o deliberadamente olvidadas que abordaron sin la acostumbrada complacencia de los viajeros románticos el viejo solar de nuestros pecados, esta península pentagonal cuyos encantos y excentricidades han atraído desde antiguo la atención del visitante, no siempre o no en todo seducido por la singularidad de sus usos y costumbres. Tampoco Babel en España, como el mítico título de Praz, había sido traducido hasta la fecha, aunque el revuelo causado por la edición inglesa -publicada en 1958 con prólogo (aquí también reproducido) de Gerald Brenan- llegó hasta la ciudad de provincias en la que residía el autor, John Haycraft, quien se había establecido unos años antes en Córdoba, donde fundó la pequeña escuela de idiomas que con el tiempo se convertiría en la multinacional International House.

El escándalo, que podemos seguir gracias a un epílogo expresivamente subtitulado De cómo el amigo inglés se convirtió en persona non grata, fue inmediato y de magnitud formidable, hasta el punto de que la buena sociedad cordobesa que antes de la publicación del libro había acogido con entusiasmo al matrimonio formado por Haycraft y Brita Langenfeldt, cofundadora de la escuela, repudió a los ingratos extranjeros que a juicio de los más exaltados habían traicionado su hospitalidad y su confianza. No había tal, por supuesto, aunque es verdad que la inclusión de testimonios reales, atribuidos a notorios personajes de la ciudad que aparecían con los nombres cambiados, puso en una situación ciertamente comprometida -en el segundo tomo de sus memorias, Casa del Olivo, Carlos Castilla del Pino califica por ello a Haycraft de "campeón de la estupidez"- a determinados confidentes del matrimonio, que o bien aparecían retratados en tonos poco favorecedores o bien, lo que era bastante más grave, podían ver en letra impresa sus opiniones por lo general desdeñosas respecto a un régimen que no se andaba con bromas. Hoy, pasada la polémica, el libro pude leerse como una estupenda crónica, amena y fidedigna, de la España del medio siglo, una época ciertamente oscura que nadie, salvo por la juventud perdida, debería recordar con nostalgia.

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