Los creadores de la taranta

  • Diego Clavel da un paso más en su monumental proyecto de monográficos de los estilos de este arte y ofrece la enciclopedia de los cantes de Levante

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Diego Clavel da un paso más en su monumental proyecto de monográficos de los diferentes estilos del flamenco. Primero fueron las malagueñas, luego los fandangos de Huelva, más tarde la soleá y cierra la serie con la seguiriya (éste aún inédito, aunque ya grabado) y los cantes de Levante. La intención es agotar la variedad melódica de cada uno de estos géneros, y por eso este disco doble contiene 22 tarantas, seis mineras, una levantica, un fandango minero, una murciana, dos ferreñas (una compuesta por el propio Clavel), dos cartageneras y dos tarantos. A ello se una la curiosidad de dos malagueñas canarias, un estilo folclórico que Clavel aflamenca.

Si en las malagueñas, los fandangos de Huelva y la soleá el tema de las atribuciones está más o menos confuso, en el caso de Levante Clavel ha optado por numerar las tarantas, en lugar de atribuirlas a un creador o divulgador. Con todo, el propio Diego nos señala en el texto del libreto las atribuciones tradicionales y las que se dan en las carpetas de los discos originales en los que ha bebido, atribuciones y denominaciones en muchos casos más que confusas (pues se da el caso de que un mismo cantaor nombra a un mismo cante de cuatro maneras distintas, probablemente para resultar variado a las discográficas). Con ello pretende agotar Diego, como digo, el mapa de los cantes de Levante, un mapa que por la lógica creadora de este arte nunca estará completo: recientemente el joven cantaor Guillermo Cano ha propuesto un nuevo estilo levantino a la consideración de los aficionados, la llamada levantera.

La consecuencia primera que extraigo de todas estas consideraciones y músicas es la belleza y radicalidad de estos estilos llamados también mineros.

La taranta es la base de este edificio musical, de ahí que sea el estilo con más variantes. Se trata de la estilización de un fandango jiennense o almeriense. Aquí se nos ofrecen tarantas con denominación de origen en ambas provincias andaluzas y también en Murcia. Los nombres del Cojo de Malaga, el Frutos de Linares, El Rojo el Alpargatero, Jacinto Almadén, Fernando de Triana, etcétera desfilan por nuestra mente durante la audición: grandes creadores de este arte todos ellos, muchos injustamente olvidados. Por ejemplo, la atribuida a El Frutos de Linares es acaso la más popular de las melodías taranteras, y sin embargo el nombre de este compositor no está reivindicado al nivel de otros creadores de melodías menos divulgadas. Incluso el propio Antonio Reina (en el texto del libreto del disco), limita los creadores a un puñado de nombres; en concreto los de, y sólo de, El Cojo de Málaga, Jacinto Almadén, El Mochuelo, Chacón, Vallejo, Niña de los Peines, Pena Padre, Cojo Luque, Pencho Cros, El Rojo el Alpargatero y Fernando el de Triana. Sin embargo, a los creadores de Linares y Almería les hace un genérico geográfico, cuando se trata, precisamente, de la tierra madre de la taranta (habla de las tarantas "locales de Linares y Almería"). Un feo mu feo a los aficionados y al cante de Linares y Almería, don Antonio. En esto de las atribuciones, el Levante siempre ha estado discriminado, será por no contar con tradición flamencológica. Pero que en un disco llamado "por Levante" se discrimine al Levante es ya el colmo.

La murciana, señala Clavel, es un solo cante. Aunque reina algo de confusión en este sentido, porque, si no me equivoco, esta llamada murciana es el mismo cante que graba Gabriel Moreno con el nombre de taranta de Linares. En la ferreña, tal y como nos la ofrece Clavel, detecto huellas de cantes malagueños, descensos melódicos que me recuerdan a la jabera.

Hay que decir que todos estos cantes son variedades melódicas de la taranta.

De las dos variedades melódicas llamadas cartageneras, una de ellas, en concreto la que interpreta Clavel en primer lugar, se atribuye tradicionalmente a Chacón, aunque no lo señalan los créditos, quizá por estimar que el dato es de sobra conocido.

Diego Clavel, autor también de las letras, ofrece interpretaciones fidedignas en las que la erudición no anula la entrega emocional.

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