Un criterio siempre fiable

  • El gestor y pintor Paco Molina, que dinamizó culturalmente Sevilla durante la Transición, recibe ahora, en una muestra colectiva en La Caja China, el tributo de artistas a los que inspiró y apoyó

Detalle de un cartel de Ricardo Cadenas a partir de una fotografía de Eduardo Trías. Detalle de un cartel de Ricardo Cadenas a partir de una fotografía de Eduardo Trías.

Detalle de un cartel de Ricardo Cadenas a partir de una fotografía de Eduardo Trías.

¿Quién fue realmente Paco Molina, aquel pintor y gestor que consiguió que la entonces Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Sevilla atesorara una de las colecciones españolas más interesantes de arte contemporáneo? Al cumplirse en 2018 los primeros 25 años de su muerte, una extraordinaria relación de amigos artistas ha querido mostrarle su admiración y afecto con una exposición colectiva en la galería La Caja China. Su director, Pepe Barragán, se sumó al entusiasmo del también artista Ricardo Cadenas para organizar este tributo a la figura de Molina "no sólo como agitador, impulsor y, en suma, gran renovador de las prácticas artísticas en Sevilla; también como pintor".

Para Manolo Cuervo, uno de los artistas participantes y vinculados al protagonista de este merecido tributo, "Paco Molina fue un gran dinamizador del arte contemporáneo en una Sevilla donde había pocas posibilidades de mostrar tu obra, más o menos como ahora". Cuervo recuerda con mucho agrado los festivales de la pintura que se hacían todas las primaveras en el actual Pasaje Francisco Molina, la antigua sala de exposiciones del Monte de Piedad, "donde algunos artistas como yo expusimos por primera o segunda vez junto a figuras consagradas de toda España como Tàpies y Alfredo Alcaín".

También un creador tan personal e inclasificable como Antonio Sosa, que participa en la colectiva con dos dibujos de los años 80, agradece a Molina el haber sido el resorte esencial para ubicarlo en el circuito artístico. "Su criterio era siempre fiable. Sin él mi carrera hubiera sido completamente distinta. Fue el primero que le otorgó a mi obra un gran valor y, como se le hacía tanto caso, nada más elogiar en público las esculturas que yo realizaba a finales de los 70 con material de embalaje de los electrodomésticos Philips -mi padre era el distribuidor oficial en Coria del Río- me ofrecieron exponer en la galería Imagen Múltiple y luego en la galería Melchor".

Molina llegó en 1966 a la capital andaluza desde Madrid de la mano del pintor Paco Cortijo. Quería escapar del ambiente de represión política que le agobiaba en su ciudad natal y se estableció en una Sevilla donde muy pronto trabó amistad con Juana de Aizpuru y con su primera escudería artística, nombres como Juan Suárez y José Ramón Sierra, que también participan en este homenaje. "Además de pintar, en esos años 70 Molina se convirtió en un personaje clave para la puesta a punto del arte contemporáneo en la ciudad. Fue el primero en imponer criterios claros a la hora de organizar exposiciones de arte actual en Sevilla, con la consiguiente contestación de la caverna. Es un personaje clave en esos años que coinciden con la Transición y que, en el umbral de los 80, trajeron aires nuevos y alentadores a la pintura", refiere Ricardo Cadenas.

"Además de con Juana de Aizpuru, Moli, como solíamos llamarle, colaboró estrechamente con Víctor Pérez Escolano en los primeros años del Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla. Posteriormente, al entrar en la Caja de Ahorros y hacerse cargo de su obra cultural a principios de los 80, organizó exposiciones magníficas. Yo aún era un estudiante de Bellas Artes y recuerdo, por ejemplo, una antológica de Luis Gordillo que supuso un golpe muy positivo en el panorama de la ciudad -continúa Cadenas-. Moli se consolidó como el gran agitador de las políticas artísticas en Sevilla y fue un valedor tanto de los jóvenes que empezábamos -a mí, por ejemplo, me incluyó en una colectiva dedicada al collage- como de figuras ya reconocidas como Carmen Laffón y Soledad Sevilla, que también se han querido sumar a este homenaje".

A partir de un retrato fotográfico que le hizo Eduardo Trías, y que comenzó a modificar en el ordenador hasta componer el cartel de una hipotética exposición, Ricardo Cadenas ha ido sumando voluntades para terminar realizando junto a Barragán, "que fue muy amigo de Moli", una selección "absolutamente personal" en la que ambos han optado por creadores que les evocaban "aquella época intensa, efervescente y liderada por el criterio de Paco Molina". Entre esos artistas han incluido grandes amigos y compañeros de tertulias del homenajeado, como Gonzalo Puch, Rafael Zapatero, Juan F. Lacomba o el recordado Félix de Cárdenas. En la treintena de artistas llaman la atención por su honda huella los ya ausentes, como Joaquín Sáenz, que falleció el año pasado, José Soto, Manuel Barbadillo y Miguel P. Aguilera, además del ya citado Paco Cortijo.

Teresa Duclós, Ignacio Tovar, Javier Buzón, Curro González, Juan Romero, Manuel Salinas, Paloma Benítez, Patricio Cabrera, Rafael Agredano y, por supuesto, los dos comisarios, se suman a este cálido homenaje que, hasta el 12 de febrero, abrirá sus puertas en la galería del barrio del Arenal.

Ricardo Cadenas pidió a los participantes dos obras, una realizada en los años 70 u 80, y otra actual. El resultado es heterogéneo: algunos artistas comparecen con dos creaciones de aquel período efervescente porque han creído que así su tributo era más ajustado.

Preside el conjunto una gran obra en técnica mixta de Paco Molina que cede un coleccionista privado de Sevilla y que a Ricardo Cadenas le parece muy representativa del trabajo del artista. "Molina rescató cierta idea del pop y del trabajo con tintas planas que no era habitual en el panorama del arte contemporáneo en esta ciudad", contextualiza. "Aunque Sevilla, gracias a la galería M-11, ofreció una exposición interesantísima del Equipo Crónica, Molina fue el primero que introdujo ciertos registros del movimiento pop inglés y norteamericano que aquí no habían proliferado, en contraste con la mayor fortuna de esa abstracción lírica que tenía más que ver con Tàpies y Zóbel".

Heterodoxo, libre, dueño de opiniones muy personales, Paco Molina, que falleció en 1993 en el Hospital Militar de Sevilla, vivió siempre fiel a sí mismo y al arte de los creadores que tanto admirara, como el poeta Jaime Gil de Biedma y, sin duda, Pasolini.

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