Entre la crítica y la nostalgia

  • El CAAC reflexiona sobre el poder transformador de la creación y el pensamiento en una ambiciosa muestra que reúne 200 piezas de 25 artistas y colectivos internacionales

En la que supone su primera coproducción con el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (Musac), donde se verá a principios del año próximo, el Monasterio de la Cartuja alberga hasta el 21 de septiembre un denso proyecto expositivo titulado Lo que ha de venir ya ha llegado que, a través de 200 piezas de 25 artistas y colectivos internacionales, permite al visitante "reflexionar sobre el presente a partir del futuro que intuimos y queremos construir". Así lo cree el director del Musac, Manuel Olveira, ex responsable del Centro Galego de Arte Contemporáneo y del Centro Hangar de Barcelona, que ayer presentó junto a los comisarios de la muestra -Alicia Murría, Mariano Navarro y el director del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, Juan Antonio Álvarez Reyes- esta ambiciosa selección de trabajos, algunos de los cuales se han visto previamente en la Documenta de Kassel y la Bienal de Arte de Venecia.

La cita, que incluye firmas tan destacadas como Tacita Dean, Sarah Morris o la prometedora artista española afincada en Londres Anna Moreno -el empeño por visibilizar a las mujeres creadoras que trabajan estas cuestiones es patente-, incluye también a creadores afincados en Sevilla como el colectivo Zemos98 y Dionisio González, de quien puede verse, por primera vez en la capital andaluza y tras pasar por Madrid y Salamanca, su cautivador trabajo en blanco y negro dedicado a los proyectos arquitectónicos que Le Corbusier no llegó a realizar, como el Palacio del Gobernador de la ciudad india de Chandigarh.

A partir de las revueltas que se han producido recientemente en todo el mundo, los comisarios de la muestra, que han leído a fondo el libro Commonwealth de Michael Hardt y Antonio Negri (un texto clave para entender las implicaciones políticas y culturales de la revolución del común), recapacitan sobre el ideario de la modernidad y los rostros posibles de la utopía a través de vídeos, instalaciones, pinturas, dibujos y fotografías.

El carácter multidisciplinar de la exposición, donde no faltan obras de grandes cineastas como el suizo Alain Tanner -cuyo documental de 1966 Une ville à Chandigarh se confronta en la sala correspondiente con la obra de Dionisio González- y el finlandés Mika Taanila, facilita la conexión de los tres grandes capítulos teóricos que la articulan. "El bloque Reactivar la utopía reúne obras de artistas que, frente a la realidad aparentemente inamovible delineada por el liberalismo, abordan nuevos horizontes utópicos", detalla Álvarez Reyes a propósito de obras que recogen el empeño humano por habitar una sociedad diferente.

La segunda sección, La modernidad, ¿un proyecto inconcluso?, se plantea, como hiciera el comisario de la Documenta 12 de Kassel, si la modernidad es nuestra antigüedad, si vivimos ya en una época diferente al período moderno. Aquí, según Mariano Navarro, se engloban reflexiones entre la crítica y la nostalgia de artistas que investigan en la huella de la arquitectura del movimiento moderno, incluidos Sarah Morris y David Diao.

Por último, El futuro ya está aquí resume el malestar que ha calado en la sociedad en lo que se conoce como la primera gran crisis de la globalización. "Esta sección hace referencia a la inteligencia colectiva, los proyectos colaborativos y toda esa cultura libre cuyo poder transformador se ha puesto ahora en cuestión", dijo Álvarez Reyes.

Estas ideas se expanden, como piezas de un rompecabezas, a través de un itinerario que arranca en la zona monumental del CAAC con la obra documental de Mathias Poledna sobre el mítico editor de la izquierda italiana Feltrinelli. El recorrido continúa en la iglesia con la apoteosis de banderas, medallas, cartografías, sellos y hasta fichas para jugar en casinos que ilustra el afán de diversos artistas, como Yoko Ono y John Lennon con su Nutopía, por crear países imaginarios. Estas iconografías de micronaciones, auspiciadas por las razones más profundas o las más caprichosas, las ha recogido en los últimos 14 años el artista Peter Coffin. "Por esas contradicciones del pensamiento, estos países utópicos están siempre basados en la idea de nación", ironizó Navarro ante la instalación, pórtico de este ambicioso viaje en torno al poder transformador del arte y del pensamiento.

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