El cubismo amable de Fernand Léger, en la Casa de la Provincia

  • Tapices y cerámicas producidos en los talleres creados por el artista francés y pinturas individuales componen la muestra

Fernand Léger vivió en Francia algunos de los sucesos más perturbadores del siglo XX. Sin embargo, lo doloroso del contexto en el que realizó su obra este protagonista y testigo clave de las vanguardias, que fue precursor del futurismo y el pop art, nunca influyó en su manera de entender el arte, que asumió con una actitud optimista y revolucionaria. Su espíritu vitalista puede disfrutarse ahora en la Casa de la Provincia, que recoge una variada relación de obras del polifacético artista francés, contemporáneo de Picasso, Bracque y Juan Gris, aunque su cubismo fuera diametralmente opuesto al de estos otros pintores igualmente influidos por Cézanne.

La muestra, organizada por la Fundación Unicaja en colaboración con la Diputación de Sevilla, recoge una quincena de tapices, esculturas y relieves, varios de ellos de gran tamaño y pertenecientes a importantes colecciones privadas. Su comisario, el historiador del Arte Antonio Niebla, destaca las dos obras individuales, que Léger realizó en momentos cruciales de su trayectoria: en Composition mecánique (1917), que pintó en tinta china sobre papel mientras se encontraba convaleciente de las tensiones vividas en el frente de Verdún, la máquina es ya la verdadera protagonista. La otra es la aguada Femme au vase (1925), donde se aprecia la monumentalidad de las formas y la inclusión de elementos arquitectónicos, al estilo de Le Corbusier.

Contrasta con ellas la parquedad del color y la pureza formal del primer tapiz que salió de su taller, Les Trois Musiciens (1944), donde aparece un tema recurrente en su catálogo: el mundo del circo, sobre el que versa también Les Loisir sur fond rouge, el tapiz más grande incluido en esta serie (de cuatro metros y medio de ancho), donde retrata sobre fondo abstracto a una familia circense de amigos suyos.

Las esculturas, la mayoría en piedra artificial esmaltada al fuego, comparten con los tapices su amor por el arte participativo y fueron realizadas colectivamente en los talleres fundados por el artista con sus discípulos. Una de las piezas más potentes es Le Tournesol (1952), procedente de una importante colección de Canadá. Modelada en el taller de Léger por su alumno ceramista Claude Brice, presenta un girasol en su postura clásica, con la flor buscando la luz solar. También destaca La Branche R, una dinámica rama de árbol representada como una cabeza de gallo cantando. La idea de esta escultura nació del famoso mural que Rockefeller encargó a Léger para decorar su apartamento neoyorquino. En estas esculturas, como también sucede en Le Grand Coq y Le Petit Coq, la presencia de animales de corral, plantas y flores rememoran las vivencias infantiles del artista en la granja de sus padres. Memorias no siempre felices pero que él reconstruyó con su proverbial alegría.

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