La decisión, como base del éxito

  • El camero Alfonso Oliva Soto, que firma la actuación más compacta, y Antonio Nazaré cortan sendas orejas · El palaciego Pepe Moral, de vacío, derrocha quietud ante un deslucido lote

GANADERÍA: Corrida de Martín Lorca, en conjunto bien presentada; desentonó el tercero; mansa y descastada, con algunos ejemplares con peligro. TOREROS: Alfonso Oliva Soto, de nazareno y oro. Estocada (vuelta tras petición con alguna protesta a la presidencia por no concederla). En el cuarto, estocada (oreja). Antonio Nazaré, de teja y oro. Dos pinchazos y estocada (saludos). En el quinto, estocada (oreja). Pepe Moral, de azul y oro. Dos pinchazos y estocada de la que sale prendido sin consecuencias (saludos). En el sexto, pinchazo, media y estocada (silencio). Incidencias: Plaza de toros de la Maestranza. Viernes 14 de agosto. Corrida con motivo de la Festividad de la Virgen de los Reyes. Nocturna. Media entrada. Bochorno. En banderillas, saludaron Javier Andana, Juan Carlos de Alba y Joselito Ballesteros. Duración: dos horas y media.

La noche ardiente. Fuego en la víspera del día grande de la patrona. Las almohadillas apenas evitaban el incendio de la piedra, cuyos asientos ardían aún como pequeños rescoldos de un incendio mal apagado en una Maestranza a media luz y con media entrada. En una noche así tiene todavía más sentido hablar de los trajes de luces. Refulgían las lentejuegas de los vestidos como lenguas de oro y plata de ancestrales tesoros. La noche aguardaba una lamentable sorpresa en lo ganadero. Lo que se suponía, por la divisa, que sería un dulce para los toreros, supuso un trago amargo. La pésima corrida de Martín Lorca -encaste Domecq-, en su conjunto bien presentada, resultó mansa, descastada y con algunos ejemplares con excesivo peligro. Un libreto imposible para la interpretación del arte del toreo. La terna compuesta por tres sevillanos -Oliva Soto, Antonio Nazaré y Pepe Moral- cumplió. Oliva y Nazaré fueron premiados con una oreja cada uno y Moral, con un lote soso, mostró una férrea quietud.

Alfonso Oliva Soto cinceló la actuación más compacta. Alivió la sofocante noche con un refrescante toreo de capa, se mostró firme muleta en mano y contundente con la espada. El que abrió plaza, mansote, distraído y noble, se rajó pronto y midió al torero. El camero brilló en un par de verónicas barrocas, meciendo con mimo el capote. Varios espectadores le pidieron que sacara a las afueras al toro, aquerenciado. Oliva concretó su labor en los tercios, destacando en una tanda con la diestra, y con la guinda de un pinturero pase del desprecio. Volaron pañuelos tras una estocada con decisión. El premio quedó en una merecida vuelta al ruedo. Con el mirón y peligroso cuarto, Oliva volvió a clavar el mentón en el pecho para dibujar unas verónicas en las que jugó bien los brazos y se marcó una espléndida media. En la muleta sufrió tres coladas escalofriantes, las dos primeras por el pitón derecho. Faena meritoria por el aguante del torero, que por sí misma merecía el trofeo que la presidencia concedió.

Antonio Nazaré anduvo también aguerrido, especialmente con su segundo toro, un pajarraco que casi le arranca la cabeza de un terrible hachazo. A su primero, manso y parado, robó meritorios muletazos, especialmente en dos tandas con la diestra. Con la izquierda el toro no le permitió nada. En el quinto, un animal incierto, se fajó para sacar todo cuanto tenía el animal. Tiró muy bien del toro, exponiendo y ligando en un par series con la derecha. El astado le abrió una brecha en la frente de un terrorífico hachazo. Sangrando, se fue a por la espada. El torero, con agallas y decisión, recetó una estocada que fue decisiva para conseguir el segundo trofeo de la noche.

Pepe Moral estuvo voluntarioso ante Felino, que más que un temible félido resultó ser un gato de peluche, un toro sin motor ni casta, al que apenas se picó en un simulacro del tercio de varas y que se movió menos que el caballo de un retratista. Con Guanteblanco, el torero debió andar ídem. Si lo obligaba no respondía. El palaciego echó de nuevo mano de la quietud en una labor larga, rota por un desarme.

En el fuego de una noche bochornosa, quedó grabado el deseo ardiente del triunfo de la terna con una pésima corrida de Martín Lorca. Ninguno dio el paso atrás. Llamaradas de buen toreo de un Oliva Soto que ha crecido en firmeza; la entrega sincera de Nazaré, que también se la jugó y hasta la desesperante pelea con su soso lote de Moral... Cosas interesantes en lo que resultó una interesante corrida en la víspera del día grande de la Virgen de los Reyes, que también quedó marcada por una noche de calor infernal en la Maestranza.

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