Crítica de Cine

La desvergüenza nacional

Ozores y Sánchez-Gijón, en el filme. Ozores y Sánchez-Gijón, en el filme.

Ozores y Sánchez-Gijón, en el filme.

No consigo dar con el presupuesto total de esta película por más que busco en el ICAA o en diversas páginas de internet, pero estoy seguro de que no ha debido de ser barata: elenco de lujo de la comedia popular española (Machi, Rovira, Ozores, Sánchez-Gijón, Casablanc, todos en su peor versión) y rodaje nada menos que en Vietnam. O sea, un producto pensado para dar el pelotazo y si te he visto no me acuerdo. Se echaba en falta empero que Atresmedia, una de sus participantes, no hubiera hecho el habitual ruido mediático promocional. Y se explica en parte porque resulta difícil vender sin bochorno una película tan lamentable y defectuosa como la que dirige Patricia Ferreira (Sé quién eres, El alquimista impaciente).

Hay que echarle mucho valor y no menos rostro a una historia con chiste al minuto uno, muerte al minuto dos, duelo exprés, viaje de adopción internacional y (falso) empoderamiento femenino embutida en las claves de un sainete turístico de liberación y buenas intenciones que provoca un bochorno in crescendo proporcional a sus vanos intentos de hacer comedia de enredo, con chistecillos de brocha gorda homófobos y racistas y aventurillas de madurez a partir de unos materiales y situaciones altamente inverosímiles y rancios que la promoción ha intentado camuflar con el socorrido adjetivo de "surrealistas".

Ni surrealismo ni niños muertos: Thi Mai es una carísima y aburrida tomadura de pelo a costa de temas serios (no sé de qué se reirán aquí aquellos padres que hayan perdido a un hijo o pasado por un proceso de la adopción internacional) que carece de la más mínima dinámica cómica e invita a pensar si la subvención que ha recibido no debería devolverse euro a euro a un fondo de ayuda a los damnificados del cine español.

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