La fórmula magistral del verso

  • La revista 'Litoral' dedica su nuevo número a los vínculos entre ciencia y poesía, refrendados a través de textos de Quevedo, Baudelaire, Borges, Kavafis, Da Vinci, Dickinson, Alberti, Pacheco, Parra y Neruda, entre otros

Que en nombre de la eficacia se han cometido algunos de los crímenes más dolorosos de los últimos 5.000 años no es tanto una verdad sino un axioma. En el ámbito académico, cuando la Edad Moderna consideró al trivium y el quadrivium agua pasada, y por más que la evidencia pregonara lo contrario, la escisión radical entre el conocimiento científico y el humanístico, las ciencias y las letras, se consagró como la llave maestra para organizar el curriculum. En el siglo XXI no hay disciplina ni interpretación sin el apellido científico a cuestas, pero todavía se mira a los químicos metidos a poetas como a invasores del terreno ajeno. De cualquier modo, la ciencia ha sido (y es) una de las madres de la literatura, una de sus primeras fuentes de inspiración y una de sus más fervientes portadoras de motivos y razones, en la medida en que lo empírico ha ido poniendo al ser humano en su sitio. Por si no había quedado claro, la revista Litoral, que dirige en Málaga Lorenzo Saval, dedica su último número a los vínculos entre ciencia y poesía con un título repleto de sanas intenciones: Vasos comunicantes. Como es habitual, el volumen es un objeto artístico de primer orden, un festival para los ojos y para el espíritu en el que arte, verso y ciencia se alían para una celebración del saber sin categorías.

Además del propio Saval, la edición de este número ha quedado en manos de Antonio Lafarque (quien ya se había hecho cargo junto a José Antonio Mesa Toré, director del Centro Cultural de la Generación del 27, de otras entregas de Litoral como Animalia, La ciudad en las artes y la literatura y Escribir la luz), quien ha coordinado para la ocasión a un notable equipo de colaboradores en el que figuran Federico Mayor Zaragoza, Juan Antonio González Iglesias, Francisco Fortuny, Jesús Aguado, Jordi Batlle Caminal, María Navarro, Cristian Munitiz, César Nombela, Blanca Montalvo, Eduardo Chirinos y Carlos Briones. Todos ellos señalan e identifican en sus escritos los flujos y las correlaciones entre ciencia y poesía, sus objetivos a menudo comunes, la también notoria (sorprendentemente) similitud de sus procedimientos en determinados casos y, sobre todo, la humana intuición que secunda ambas disciplinas. Y es que la historia de la poesía es también la de la búsqueda de una fórmula magistral, de una solución en la probeta, de la huella de Dios en el cosmos, de un remedio a la enfermedad. Que entre algunos de los grandes científicos del presente y el pasado, como Severo Ochoa y Ramón y Cajal, abundaran inquietudes artísticas no fue un capricho ni una extravagancia, sino el signo de la naturaleza común de quienes no se conforman.

Junto a los artículos de los colaboradores, y como no podía ser de otra forma, este número de Litoral brinda una amplia colección de textos poéticos de las más diversas épocas, ilustrados con obras de arte de otros tantos periodos históricos y articulados en once secciones: Alquimia, Medicina, La locura, Farmacia, Química, Geología, Física, Matemáticas, Aritmética, Geometría y Astronáutica. La nómina incluye a grandes autores de la literatura universal como Quevedo, Pessoa, Leonardo Da Vinci, Kavafis, Emily Dickinson, William Carlos Williams, Poe y Apollinaire; escritores latinoamericanos como Borges, Vallejo, Neruda, Nicanor Parra, José Emilio Pacheco, Gonzalo Rojas y Lezama Lima; científicos como Isaac Newton, Sigmund Freud, Severo Ochoa y Ramón y Cajal; y autores malagueños como Rafael Pérez Estrada, Álvaro García, María Eloy-García, Jesús Aguado, María Victoria Atencia y Virginia Aguilar. Todos refuerzan esta doble hélice que conforman verso y ecuación, inspiración y vida.

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