Crítica de Música

Entre hipnosis y éxtasis

Comentarios 0

Sonic Boom se mantuvo fiel a su legado con un concierto que alcanzó momentos fascinantes con su rock espacial minimalista y narcótico. Con su voz fluctuante entre el murmullo y la apatía y sus misteriosas máquinas de hacer ruidos fue capaz de crear universos sonoros paralelos a los que grabó con Spacemen 3, Spectrum e incluso en su etapa como EAR, de la que recuperó un All things being equal repleto de voces pregrabadas y tratadas de forma espectral. Aunque el camino se abrió con un cambiadísimo Transparent Radiation, sacado adelante solo con su voz y dos guitarras respaldadas apenas por el murmullo del secuenciador.

Con All night long se concentró en su mesa de instrumentos, de la que comenzaron a surgir zumbidos de drones, samplers, loops y trémolos que nos envolvieron en una tormenta electrónica que sólo amainó cuando Jason Holt adquirió el protagonismo poniendo en primer plano su guitarra para recrear el Ché de Suicide con un desarrollo que iba más allá del mero sonido para plantar cara al éxtasis pleno. Fue el momento más asequible de la noche, antes de hundirnos de nuevo en la hipnosis con un Let me down gently en el que Peter Kember convirtió su Casio en un órgano eclesial con un sonido modulado que nos mantenía en perpetua fascinación, ayudada por la sucesión de imágenes proyectadas, que variaban entre piezas geométricas, vibrantes formaciones celulares o simples colores estáticos, que mantenían nuestros ojos ocupados mientras nuestros cuerpos flotaban en el espacio.

Todo terminó con Big City, en un bis encadenado al set por el zumbido secuencial que se mantuvo sonando, conducido por un ritmo techno que hizo que los cuerpos se fuesen sacudiendo de forma que todos nos convertimos en espectadores de un concierto de rock en lugar de los abstraídos participantes de una sesión de meditación dirigida por el doctor Sonic Boom.

más noticias de CULTURA Ir a la sección Cultura »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios