Una historia de amor y rechazo

  • La exposición 'La construcción del mito Bécquer', que Espacio Santa Clara acoge hasta febrero, recrea cómo los admiradores y enemigos del poeta contribuyeron a que el autor se convirtiera en una leyenda.

En ocasiones, la memoria de un autor vence a la muerte, pero ese recuerdo sobrevive más vinculado a la leyenda que a la verdad. Bécquer fue uno de esos escritores que se difuminaría en las brumas del mito: tras su fallecimiento en 1870, ya en la publicación de sus Obras con la que un año después se reivindicaba su legado, se le retrataba como un poeta de sensibilidad descarnada, un ángel tocado por la desdicha que pese a su talento no tuvo el reconocimiento de su entorno y sólo conoció la desdicha. Una distorsión de la realidad que impulsaron los admiradores de Sevilla que pedían el reconocimiento póstumo para su paisano, pero también quienes desde la ciudad se resistían a darle su sitio y consideraban que no había sido "más que un poetilla y además heterodoxo" y reforzaban así esa estampa de mártir incomprendido. El estudio que ha realizado sobre ese proceso de mistificación la profesora de Literatura Española de la Universidad de Sevilla Marta Palenque, La construcción del mito Bécquer, publicado por el Ayuntamiento, sirve de punto de partida para una exposición que acoge desde ayer el Espacio Santa Clara, una cita con la que se quiere conmemorar el 175 aniversario del nacimiento del poeta y el centenario de la instalación del monumento que le recuerda en el Parque de María Luisa.

La muestra, que lleva el mismo título que el trabajo realizado por Palenque, plantea un recorrido que va desde la muerte del autor hasta acontecimientos reseñables como el traslado a Sevilla de los restos de Gustavo Adolfo y Valeriano Bécquer -en abril de 1913- o la fundación de la asociación de amigos del poeta, que empezaría su actividad en 1934, pero dedica especial atención a la estatua que diseñó el marchenero Lorenzo Coullaut Valera gracias al empeño de los hermanos Álvarez Quintero. "El monumento, que se inauguró en 1911, no es un hecho aislado, sino la consecuencia de un largo proceso por acercar a Bécquer a Sevilla", sostiene Palenque. La estatua es, defiende la investigadora, "la cima" de esa construcción del mito; la obra entronca con la imagen del autor de las Rimas como alguien "soñador, doliente, marginado", y propone "junto a esas mujeres que encarnan el amor, una lectura del Bécquer sentimental que hoy perdura".

Si bien la glorieta dedicada al escritor es uno de los espacios emblemáticos del paisaje urbano, fue difícil que ese proyecto se convirtiera en realidad. En 1884 se le encargó la realización de una obra a Antonio Susillo que iba a estar ubicada en las márgenes del río, pero un escándalo económico en el Ayuntamiento y la falta de apoyos sólo dieron para promover varias ceremonias y una publicación. Por esas fechas la Sociedad Económica de Amigos del País pedía también la participación económica de los ciudadanos para costear el traslado de los restos, en un texto que cargaba las tintas en el calvario sufrido por Bécquer: "Necesitamos que todos contribuyan a la memoria del poeta, para que el extranjero que admira la pureza de nuestro cielo y la grandeza de nuestros monumentos, pueda decir un día al ver el nombre de Bécquer grabado sobre la piedra: La ceguedad de los hombres le dejó morir oscuro, su vida fue un valle de lágrimas; pero su pueblo recogió sus restos y en páginas inmortales los transmitió a la posteridad".

Pero ni la ejecución del monumento ni el regreso de Bécquer a su tierra natal se materializarán entonces. Son muchos los episodios, que la exposición ilustra con numerosos documentos, que revelan la complicada relación de la ciudad con su hijo insigne. Una de las piezas más interesantes de la muestra tiene que ver con uno de esos capítulos: se exhibe el retrato que Salvador Sánchez Barbudo hizo de Bécquer -que ofrece un perfil muy distinto al cuadro del autor que pintó su hermano Valeriano- y que José Gestoso donaría a la Biblioteca Capitular-Colombina y sería retirado por el Cabildo Catedralicio. Años después, otra institución, la Universidad, se negaría "con excusas variopintas" a acoger el cuerpo del creador. "Hay una cadena de situaciones que demuestran que no fue tan querido, que existe un sector de la oligarquía que no quiere a Bécquer en Sevilla", comenta Palenque. Serían los Álvarez Quintero quienes gracias a los beneficios de su obra La rima eterna y a diversos apoyos los que lograron sacar adelante, en 1911, "un monumento que sigue estando presente en la vida de los ciudadanos". Dos años después, en 1913, "se hacía justicia": se trasladaban los restos del escritor junto con los de su hermanoy en el homenaje, contaban los periódicos, tomaba parte "Sevilla entera".

La construcción del mito Bécquer. Espacio Santa Clara. Hasta el 12 de febrero. De martes a sábados de 11:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00. Domingos sólo mañana.

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