Las joyas rescatadas del limbo

  • La editorial sevillana Paréntesis continúa recuperando libros descatalogados a través de su colección 'Orfeo' · Obras de Julio Manuel de la Rosa, Pessoa, Lugones y Stevenson destacan entre los últimos títulos

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Con el propósito de combatir los implacables criterios del mercado literario y rescatar títulos que ya no podían encontrarse en las librerías, la editorial Paréntesis creó la colección Orfeo. Desde su puesta en marcha hace apenas unos meses, el sello sevillano ha devuelto a los lectores antiguas propuestas de autores en activo como José María Conget (Todas las mujeres), Eduardo Jordá (La fiebre de Siam) o Aquilino Duque (Los consulados del más allá), y textos de maestros de las letras españolas como Álvaro Cunqueiro (Las historias gallegas) y Vicente Blasco Ibáñez (La catedral).

Entre los primeros títulos editados vio la luz también La sangre y el eco, una parábola de la Guerra Civil firmada por el sevillano Julio Manuel de la Rosa en la que era perceptible la huella de Faulkner. Ahora, en la misma línea se recuperan otras dos ficciones del mismo autor, recogidas en un único volumen: Croquis a mano alzada, publicada por primera vez en Akal en 1976, y Las campanas de Antoñita Cincodedos, aparecida en 1987 en El Carro de la Nieve. Para Emilio Durán, autor del prólogo que acompaña ambas obras breves, en Croquis a mano alzada se detecta "contundente" el "ADN literario" del narrador andaluz. De la Rosa confiesa que no ocultó en este ejercicio de estilo la poderosa influencia que James Joyce ejercía entonces sobre él, una admiración que es patente en uno de los personajes de esta novela polifónica: un traductor del autor de Dublineses, que se refiere al maestro como "el Irlandés" y asume que éste es "siempre" un "problema verbal". Si bien las dos creaciones tienen en común la libertad expresiva con que fluye la acción, el desgarro de las historias de amor del primer relato contrasta con el humor de Las campanas de Antoñita Cincodedos, la peripecia de una prostituta con la que "después de mucho tiempo tomándome la literatura en serio", su artífice descubrió que "también uno podía divertirse escribiendo". Antoñita..., deudora de la tradición picaresca, ofrece un despiadado y lúcido retrato de Sevilla, una ciudad en la que "el arte de los fingimientos" es "la principal ciencia para sobrevivir" y se mezcla "el cachondeo y la tragedia con una habilidad suprema e infinitamente cruel".

Además de la reedición de Julio Manuel de la Rosa -de quien Algaida también ha rescatado Fin de semana en Etruria-, el catálogo de la colección Orfeo se ha ampliado en sus últimos títulos con autores de procedencia diversa: el argentino Leopoldo Lugones, el malagueño Rafael Pérez Estrada y el portugués Fernando Pessoa forman parte de una lista a la que también se han incorporado el escocés Robert L. Stevenson, el madrileño Agustín de Foxá y en la que repite el sevillano Aquilino Duque.

Paréntesis reivindica la faceta de cuentista de Lugones en un volumen de trece relatos que incluye un prólogo de Elena Almeda. La especialista precisa sobre el escritor que si bien "su nombre se constituye en piedra angular de la poesía argentina moderna, no es menos su valía como prosista". La selección facilita al lector un acercamiento a la generosa inventiva de un autor que, paradójicamente, se suicidó herido por la realidad, por culpa de su desencanto político.

La colección también permite un contacto con el universo singular del malagueño Rafael Pérez Estrada, de quien se publica El domador. De este amante de lo inesperado, cuya originalidad impidió que fuera reconocido como se merecía -aunque al final de su vida, cuando fue nombrado Hijo Adoptivo de su ciudad natal, su obra comenzaba a ser objeto de una creciente atención-, Jesús Aguado destaca que es "la imaginación en estado puro". Las imágenes que propone este cronista del misterio sorprenden por su capacidad de evocación. "Fue malcriada: de niña la alimentaron con caviar y pétalos de rosa. Le ocultaron la lluvia y los carmines. Le fue distante el otoño y nunca vio un río unirse con el mar. Quizás sea ésta la razón de que sus besos sean amargos", cuenta un fragmento del libro.

Además, el crítico y poeta José Luis García Martín revisa una antología de Pessoa que circuló por las librerías en la década de los 80. El profesor de la Universidad de Oviedo desmonta el mito de que el lisboeta fuera "el oscuro oficinista, el contable que ha de pasarse las horas metido en un cuchitril"; al contrario, fue un hombre que "vivió como quería vivir". En la selección de El misterio del mundo quedan de manifiesto las diferentes personalidades tras las que se escondió el portugués, un autor fundamental que para García Martín "nos descubre inéditos matices en cada nueva lectura".

En Orfeo tiene cabida también la prosa de Agustín de Foxá, recuperado con Misión en Bucarest, uno de los libros "más afortunados" de este escritor al que su adhesión a la dictadura de Franco afectó a la percepción que se tiene de su obra, que, en palabras de Trapiello, fue "uno de los que ganó la guerra y perdió los manuales de literatura".

El aprendiz de emigrante, de Stevenson, que aparece con traducción y prólogo de Eduardo Jordá, relata el viaje que el novelista, desheredado por su padre al querer casarse con una mujer separada, hizo a Nueva York junto a trabajadores arruinados que buscaban otra oportunidad en América. "Stevenson narró en su travesía un viaje espiritual más que un simple desplazamiento físico: en el fondo, este libro describe el paso del bienestar de la vida burguesa a la vida llena de sufrimientos de los pasajeros que lo habían perdido todo", dice Jordá en el texto introductorio a la obra.

Por último, Aquilino Duque, de quien Paréntesis reeditó Los consulados del más allá, vuelve a la misma editorial con Los agujeros negros, la tercera entrega del ciclo gaditano del autor y cuya primera edición data de 1978.

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