El laboratorio del violonchelo

Les Basses Réunies. Femás 2013. Componentes: B. Cocset, violas bastardas, violonchelo y dirección; R. Myron, contrabajo; B. Cuiller, clave y órgano. Programa: 'La Nascita del Violoncello'(obras de Ortiz, Vitali, Gabrielli, Jacchini, Dall'Abaco, Vivaldi, Scarlatti y Geminiani. Lugar: Espacio Santa Clara. Fecha: Jueves 7 de marzo. Aforo: Lleno.

El carácter de los conciertos de este Femás 2013 parece oscilar pendularmente entre dos extremos: la seriedad musicológica, y la laxitud académica a la busca de la libre comunicación artística. El concierto del pasado jueves se volcó sin duda hacia la primera de esas posiciones: Bruno Cocset buceó en los orígenes históricos del violonchelo y su repertorio, organizó el programa en estricto orden cronológico, y recuperó instrumentos hoy muy infrecuentes -incluso en ambientes de iniciados- pero muy utilizados en la época, como las violas bastardas afinadas por cuartas y quintas, mezcla de lo que hoy conocemos como violonchelo y viola da gamba.

Ese meritorio carácter experimental, que requiere esfuerzos de investigación y estudio tanto al músico como a sus luthieres, llevó aparejados ciertos problemas de estabilidad del sonido en las violas bastardas, que unidos a la austeridad del intérprete y a la del repertorio (no tocó Cocset las muchas, espectaculares y virtuosas disminuciones italianas escritas para estos instrumentos) dieron como resultado una primera parte tan correcta e interesante como árida para el público, que asistía silente, como en misa.

Más a gusto se notó a Cocset en Jacchini y en toda la segunda parte, ya con su violonchelo. Siempre acompañado con claridad, inteligencia y eficacia por Myron (aunque en un segundo plano sonoro tal vez demasiado discreto), el solista ya sí utilizó arco y mano izquierda con libertad, pareció romper ataduras, y las musas, atentas, vinieron a visitarlo en los adagios de Vivaldi y Geminiani, con los que el público ya sí comulgó. Ayudó a meterlo en ambiente el muy buen Scarlatti de Cuiller, que nos recordó que tal vez sea hora de que el Femás dedique atención a la maravillosa obra para teclado de quien residió en Sevilla varios años y dejó en ella algunos émulos notables.

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