Los libros más humanos

  • El Día de la Lectura se celebró en el Alamillo con un acto de homenaje inspirado en 'Farenheit 451', de Ray Bradbury

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Ayer se cumplieron 80 años desde que un grupo de jóvenes poetas llegó en tren a Sevilla para rendir un homenaje a Góngora en el Ateneo. Entre ellos, Rafael Alberti, de cuyo nacimiento se cumplieron, también ayer, 105 años. Así lo recordaba Manuel Valenzuela, responsable literario del grupo Babelia, cuyo tributo poético-musical a la Generación del 27 amenizó la celebración del Día de la Lectura en el Parque del Alamillo.

Una celebración, paradójicamente, sin libros, "pero sí están las personas-libro", matizaba Antonio Rodríguez, fundador y director del Proyecto Farenheit 451. Esta iniciativa, a diferencia de la novela de Ray Bradbury en la que se basa, no pretende que los participantes recuerden un libro entero. "Es un gesto simbólico, un homenaje a ese fragmento deseado que todo el mundo ha subrayado, para que lo recite, pero no de cualquier manera. No lo soltamos, lo entregamos".

Para ello, explicaba Antonio, realizan talleres -en Andalucía, los dos últimos años gracias al acuerdo con el Pacto Andaluz por el Libro- en los que enseñan una técnica para memorizar, "a leer bien, a perder el miedo de hablar en público...". Y el éxito es incontestable. "¿Cuántas personas libro hay?... Es incalculable. Las hay en español, en lenguas africanas, precolombinas como el guaraní, el japonés, el chino...".

Y de todas las edades. Aquilina Mora Albiñana, por ejemplo, tiene 78 años para 79, y viajó desde Huelva para recitar poemas de Machado y Sor Juana Inés de la Cruz. "Esto me da vida", decía.

Aquilina forma parte de un grupo literario de Huelva, Nuevo Horizonte, cuatro de cuyas componentes -Paqui, Inés y Cecilia, además de ella- se desplazaron al Alamillo. "Con Antonio, dónde sea", decía Paqui, que traía preparados poemas de Miguel Hernández que había estudiado en julio mientras paseaba en la playa por su nieta. "Lo hemos repasado en el autobús", confesaban.

La sevillana Saray Pavón Márquez fue ayer el capítulo 8 de Espantapájaros, de Oliverio Girondo, un autor argentino que le gusta "por cómo se expresa, su profundidad y fuerza". Se ve como una excepción entre sus amigos, "que leen poquísimo, no están motivados" e incluso sus compañeros de Bellas Artes, "en general, más orientados a lo audiovisual".

Quizás estaba escrito que el acto fuera minoritario, aunque María Luisa Torán, gerente del Pacto Andaluz por el Libro, explicaba que el objetivo es precisamente la participación ciudadana. "No queremos actos cerrados, elitistas. Por eso vamos a hospitales, colegios... ayer estuvimos en el centro penitenciario de Jaén".

Un semicírculo de paraguas rojos simbolizaba, según Antonio, el fuego "del que queremos salvar a los libros. Queremos que sean los libros los que nos quemen a nosotros por dentro". Pero, a falta de un gobierno dictatorial que los destruya, ¿está la lectura en peligro? Hay opiniones para todo.

Antonio piensa que "se lee poco porque se lee mal". Las expedicionarias de Huelva dicen que sus nietos "están leyendo siempre". Aunque sólo lo que les mandan, matiza Cecilia, y todas coinciden que la falta de ambiente de lectura y de tiempo por parte de los padres influye mucho.

Por último, María Luisa Torán no cree que se lea cada vez menos y encuadra los datos del Informe Pisa sobre comprensió en una herencia histórica "de analfabetismo hasta los años 80 ¿Otras regiones? Es que no se puede comparar Andalucía con La Rioja o Extremadura. Tiene una población mucho más grande y el esfuerzo educativo es, por tanto, mucho mayor. Pero no quiero que se me malinterprete, porque no estamos satisfechos con el índice de lectura ni mucho menos".

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