La noche de las voces personales

Cante: Tía Juana la del Pipa, La Macanita. Guitarra: Juan Diego, Manuel Valencia. Palmas: El Chícharo, Macano, El Quini. Baile: Manuela Carpio. Lugar: Teatro Lope de Vega. Fecha: Martes, 20 de mayo. Aforo: Casi lleno.

Lo singular de las dos intérpretes principales de la noche son sus voces. Cantaoras con timbre de voz muy característico. Sólo se parecen a ellas mismas. Más que su conocimiento de los estilos o su destreza técnica, es el color vocal lo que destaca en ellas. Por supuesto que su sentido del compás está más que contrastado y, pese a no contar con repertorios muy extensos, a ambas les sobra con lo suyo para ser, como son desde hace años, primeras figuras de este arte.

La Macanita es la rotundidad y la belleza tímbrica: una voz pletórica y llena de colores vivos, delicados, que nos regaló por soleá, por malagueñas de Chacón y El Mellizo y con una canción. En la soleá se encuentra en su espacio natural, contando con el referente de Fernanda. Y en la malagueña estuvo esforzada y emocinante. La Tía Juana ofreció bulerías por soleá, fandangos, tientos y tangos. La voz rota de esta cantaora es un asombro y la demostración de que el flamenco es el único arte en el que los mudos pueden cantar. Esta voz es puro grito, desolación. Y, aunque sufro viendo cómo se daña la garganta, no dejo de conmoverme. Es el arte de dar con lo mínimo el máximo de expresión. Algo parecido podemos decir del espectáculo: se alargó hasta el extremo cada uno de los elementos del mismo, incluyendo solos de los dos guitarristas y sendas pataítas de los palmeros, hasta lograr una obra redonda y compensada. También gozamos del baile visceral, casi feroz, de Manuela Carpio, a la que le cantaron por soleá las dos protagonistas. Dominio escénico, que se extendió, lógicamente, al patio de butacas. Y contundencia. Es el mismo elenco del espectáculo Mujerez, pero sin Dolores Agujetas.

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